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Cientos devotos honran al "soldado de los milagros" en festividad

Publicada en MeliYa el 1 de noviembre de 2002

EFE

Melilla, 1 nov (EFE).- Varias decenas de coronas y ramos de flores depositados por cientos de devotos se acumulan hoy en el cementerio cristiano de la Purísima Concepción de Melilla sobre la tumba del "soldado de los milagros", un joven de Zaragoza que murió en extrañas circunstancias cuando cumplía el servicio militar.

El 17 de enero de 1950, en el antiguo acuartelamiento de Regulares 5 de Melilla, apareció en uno de los aseos el cuerpo sin vida de un joven de 22 años, natural de Cetina (Zaragoza), Benito López Franco, el conocido como "soldado de los milagros", del que se hizo constar en el registro del cementerio municipal el suicidio por ahorcamiento como causa de la muerte, aunque no se hizo autopsia y la familia lo niega.

El hermano del soldado, José López Franco, que cada 1 de noviembre suele viajar a Melilla para visitar la tumba de su hermano junto a otros familiares, aseguró hoy a los periodistas que "él no se quitó la vida, aunque no sabemos cómo murió".

El "soldado de los milagros" concita a numerosos devotos que le achacan "acciones milagrosas" como curaciones de enfermedades terminales, soluciones de problemas familiares o laborales, que le han atribuido una fama que hace "que hasta gente de la península venga a pedirle cosas", señaló una de las devotas.

"La familia no sabemos cómo se ha podido formar esto y de dónde le viene la fama, pero muchísima gente dice que les ha hecho milagros", afirmó José López Franco, quien explicó que él le pidió "que nos demostrara algo y me dobló una fotografía que llevo en la cartera".

En Cetina, el pueblo natal del "soldado de los milagros", se colocó hace dos años, con motivo del 50 aniversario de la muerte, una placa conmemorativa que reza "Cetina en recuerdo de su hijo Benito López Franco que de esta plaza hacia Melilla partió donde por su fatal destino fue acogido y como el "soldado de los milagros" reconocido", lo que es el único recuerdo existente, ya que la familia desiste de trasladar los restos allí "porque Melilla es ahora su casa".

En el día de Todos los Santos cientos de melillenses y foráneos acuden a su sepultura "porque tengo mucha fe en él y me han contado muchos milagros", indica una de ellas, mientras que otra dice que visita la tumba "todos los años, no sé porqué, pero vengo y rezo por él".

Un hombre anciano, Salvador Cañadas, que le tiene "mucha fe", limpia y arregla la tumba desde hace tantos años "que he perdido la cuenta", explicó a los periodistas mientras repartía a quienes se acercaban a la tumba estampas con plegarias al "soldado de los milagros".