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La emblemática imagen de la Soledad es restaurada por un artista cordobés

Publicada en MeliYa el 9 de agosto de 2002

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La obra ha sido trasladada a Córdoba y podrá ser procesionada en la próxima Semana Santa

Por segunda vez en su historia la imagen de la Soledad de Nuestra Señora ha sido trasladada a la Península para su restauración en unos talleres de Córdoba, por el deterioro de la policromía en distintas partes de las manos y la cara y de algunos elementos de la madera. La decisión de restauración de la imagen fue aprobada recientemente por la Junta de Gobierno de la Cofradía, después de concretar el proyecto con el artesano cordobés Francisco Romero Zafra, uno de los de mayor reconocimiento en este campo profesional, según aseguró el hermano mayor, Antonio Guijo. La restauración de la Soledad fue aconsejada ya por el propio artista cordobés en un viaje a Melilla el año pasado, y devolverá la tonalidad original y el brillo del rostro, perdido desde el último tratamiento al que fue sometida hace diez años por el artista malagueño Antonio David Gutiérrez Vila, autor de otro trabajo para el Cristo de la Paz.

Daños Los daños han podido ser originados por las inclemencias meteorológicas de las últimas ediciones de la Semana Santa, y fueron apreciados especialmente durante la procesión de la Virgen con motivo del cincuenta aniversario de su llegada a Melilla, en noviembre del año pasado. El proceso técnico, que podría tener una duración de varios meses, se realizará con un presupuesto cercano a los tres mil euros, por lo que la cofradía, según aseguró Guijo, no descarta solicitar algunos apoyos oficiales a la Ciudad Autónoma para afrontar la recuperación de la imagen. La Soledad de Nuestra Señora, del imaginero murciano Nogueras Valverde-autor también de la Virgen del Rocío-es una de las obras emblemáticas de la Semana Santa melillense. Fue procesionada por primera vez en la Semana Santa de 1951, y también inició las procesiones en 1980, tras la interrupción de las estaciones de penitencia obligada en 1973 por un decreto del que fuera obispo de la Diócesis, Ramón Buxarrais.