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El archivo histórico de Francisco Mir Berlanga podrá ser utilizado para la investigación

El exalcalde decidió donar antes de su muerte miles de documentos y libros relacionados con la historia de Melilla

Publicada en MeliYa el 9 de enero de 2003

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La Ciudad Autónoma contará con el archivo histórico del que fuera alcalde de la ciudad y cronista hasta su fallecimiento en mayo del año pasado, Francisco Mir Berlanga, quien decidió donar su archivo al Gobierno melillense para su ubicación en el Hospital del Rey y posible utilización por parte de los historiadores. Como se recordará, el consejero de Cultura, Javier Martínez Monreal, visitó a Mir Berlanga antes de su muerte, y en el transcurso de la convalecencia de una grave enfermedad, para transmitir un mensaje de solidaridad del Gobierno melillense por su delicado estado de salud, agravado después de una importante intervención quirúrgica que se le practicó en Málaga a comienzos de diciembre del 2001. En el transcurso de su entrevista Martínez Monreal mostró su interés por el archivo de Mir, que constituye uno de los fondos documentales más importantes de la ciudad para el estudio y la historia del siglo XX, y obtuvo del cronista el compromiso de cesión, siempre que fuera destinado a la investigación por parte de especialistas.

Importante legado

Después de esta entrevista Francisco Mir envió una carta a la Ciudad Autónoma por la que ratificó su voluntad de donación, lo que posibilita que los miles de documentos, libros y fotografías de este archivo pudieran ser trasladados a Melilla. Francisco Mir Berlanga fue uno de los últimos alcaldes del régimen preconstitucional, además de delegado del Gobierno y presidente de la Junta del Puerto, entre otros cargos importantes. En el ámbito de la cultura el historiador publicó numerosos libros relacionados con Melilla, destacando su pertenencia a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y a la Real Academia de la Historia, en esta última como académico correspondiente por Málaga. Mir ocupó el cargo de cronista oficial tras el fallecimiento de Rafael Fernández de Castro en 1952, y fue uno de los impulsores del actual Museo Municipal, al que dotó de sus principales salas históricas en la antigua ubicación del Baluarte de la Concepción, en Melilla la Vieja.