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El regreso de los embajadores cierra la etapa más difícil de las relaciones con Marruecos
Publicada en MeliYa el 31 de enero de 2003
El regreso a sus puestos de los embajadores español y marroquí, anunciado el jueves por los dos Gobiernos, cerrará la etapa más difícil en las relaciones de España con Marruecos, que ha durado quince meses llenos de incomprensiones y tensiones. En la tercera reunión de los ministros de Exteriores español, Ana Palacio, y marroquí, Mohamed Benaissa, celebrada hoy en Marruecos, se consolidó la tendencia apreciada en los últimos dos meses hacia la normalización de relaciones y la reapertura de todos los foros de diálogo que tienen dos países vecinos. El Rey Mohamed VI de Marruecos anunció el regreso del embajador marroquí, Abdesalam Baraka, quien fue llamado a consultas en octubre de 2001 por razones no suficientemente explicadas, a juicio del Gobierno español. Posteriormente, Ana Palacio confirmó que también regresará a su puesto Fernando Arias-Salgado, quien fue llamado a Madrid en julio durante la crisis del islote Perejil, deshabitado hasta que fue invadido por media docena de gendarmes marroquíes que luego fueron desalojados por el Ejército español. La incomunicación entre Madrid y Rabat obligó a intervenir en este conflicto, a petición marroquí, al secretario de Estado de EEUU, Colin Powell, quien finalmente actuó de fedatario del acuerdo entre España y Marruecos por el que Perejil volvía a una soberanía que, además, no constaba que el reino alauí discutiera. Ana Palacio viajó a Rabat el día 22 de julio para sellar en una tensa reunión un acuerdo que dejaba Perejil en su "statu quo" tradicional. En esa reunión, los dos ministros acordaron volver a hablar en Madrid en septiembre, aunque ambos se vieron de nuevo en campo neutral: en la Asamblea de la ONU en Nueva York, donde cada uno de los países cumplió su papel habitual en los discursos: Rabat reclamó Ceuta y Melilla y Madrid aclaró que ahí no hay contencioso. Sin embargo, pasó septiembre sin la entrevista acordada porque primero Benaissa propuso reunirse el 23, la misma semana de las elecciones marroquíes, después argumentó que había violaciones del espacio aéreo y marítimo de Marruecos por unidades militares españolas y finalmente canceló la reunión. Luego se comprobó que no sólo no había tales violaciones sino que tampoco eran unidades militares, sino una avioneta contratada por una televisión privada española, pero fue suficiente para que el ambiente continuara enrarecido. Además, el pasado mes de octubre se produjo una histórica visita a Madrid vista con recelos por una parte de la prensa marroquí: la del presidente argelino, Abdelaziz Buteflika, que permitió firmar un Tratado de Amistad, Buena Vecindad y de Cooperación similar al que está en vigor entre España y Marruecos. Desde entonces se sucedieron episodios tendentes a aliviar la tensión, como la llamada del presidente del Gobierno, José María Aznar, al nuevo primer ministro marroquí, Driss Yetú, para felicitarle por su nombramiento y expresar su deseo de conseguir las mejores relaciones entre España y Marruecos. El 12 de octubre, Mohamed VI felicitó al Rey Juan Carlos con motivo de la Fiesta Nacional y al mes siguiente el Monarca marroquí confirmó a Benaissa al frente del Ministerio de Exteriores, lo que permitió una nueva conversación con Ana Palacio, y el deseo de reunirse al final del Ramadán. Esa entrevista se produjo el 11 de diciembre, cambió los semblantes serios de julio por gestos conciliadores y de ella surgió el compromiso de crear grupos de estudio de todos los temas de interés para ambos países, incluida la inmigración, lo que más interesa a España, y el Sáhara, lo que más inquieta a Marruecos. Finalmente llegó el último gesto del Monarca alauí: ofrecer sus barcos a las flotas pesqueras afectadas por la catástrofe del "Prestige", muy bien recibido por Aznar y que permitió otra conversación con Yetú. A estos elementos se sumaron la creación de los primeros grupos de trabajo, a mediados de mes, en Rabat, con la presencia del secretario de Estado de Asuntos Exteriores, Ramón Gil Casares, y el ministro adjunto marroquí, Taib Fasi Fihri, y la semana pasada un encuentro entre empresarios de los dos países.