Opinión
Estorninos
Publicada en MeliYa el 7 de agosto de 2003
Esto es un artículo de opinión. Lo que dice es de Luis Luque Oliva, no del portal.
Luis Luque Oliva
A los melillenses siempre nos ha indignado lo poco que saben de nosotros el resto de los españoles. Una vez, hace años, conocí a un chaval barcelonés que me preguntó cómo nos desplazábamos en Melilla. Con una cierta periodicidad trataré de hacerles llegar a ustedes las impresiones que tienen los españoles peninsulares de nuestra ciudad. En ocasiones resultará cómico, otras no tanto. Pero hoy, por ser el primer día, démosle la vuelta a la tortilla. ¿Qué sabemos nosotros de la península? ¿Qué podemos decir nosotros de Palencia? ¿Y de Guadalajara? No mucho verdad. Pocos melillenses en edad escolar sabrían situar Zamora en mapa. Si no me creen, simplemente asómense a una clase de ESO del Instituto Leopoldo Queipo.
Uno de los indicadores para evaluar el nivel cultural de una población es la difusión de la prensa escrita, y por desgracia, Melilla es la ciudad española en la que menos periódicos se leen en términos relativos y absolutos. Estadísticamente, los melillenses también somos los españoles que menos películas vemos en el cine. Triste, pero significativo no obstante.
Es esta una sociedad que gira entorno a la cultura del gimnasio y del tunning, del bote de proteínas para hinchar los músculos y del tubo de escape. Con una masa inerte intelectualmente, que se mueve en vastos grupos, en bandadas. Un ex profesor mío, un día, en clase, nos llamó estorninos, que “son unos pájaros que hacen mucho ruido y echan muchas cagadas”. Y así veo a la gran mayoría de la juventud melillense. Entre las costumbres propias de el estornino melillense descritas por los estudiosos pueden reseñarse: el gusto por desplazarse haciendo mucho ruido, merodear por los gimnasios y, como no, ahora en verano, la danza de cortejo, sobre su Hyunday Coupé (el vehículo puede variar) a diez por hora, en el Paseo Marítimo. Mientras el macho otea a las hembras desde la carretera, éstas exhiben la belleza de sus plumajes sentadas en el poyo. Al estornino no le interesan actividades propias y exclusivas del ser humano como el cine, el teatro, la música (de verdad), la literatura... Esta ave no es migratoria, encuentra su hábitat natural en la propia ciudad, aunque a veces gusta de pasar temporadas en la Bocana y similares. No tiene curiosidad por conocer otros lugares, ni otras especies...
Es cierto que estoy generalizando, pero es innegable que una aplastante mayoría de los melillenses vive así. Sin perspectiva, sin sentir las múltiples carencias que tiene la ciudad, sobre todo en términos culturales. Qué importa si sólo tenemos dos cines, qué importa si el 99 por ciento del cine de autor no nos llegue, que importa si no tenemos un teatro, que importa si no tenemos buenas librerías, qué importancia tiene la cultura en una ciudad en la que la mayoría de los jóvenes no la necesita. Con este panorama, a quién le importa dónde está Zamora.
Lo que más me duele no es este total auto-abandono en términos de educación y culturización que gran parte de mis conciudadanos están llevando a cabo. Lo que realmente es duro es ver como, a pesar de todo, hay gente en estas tierras que se esfuerza y lo da todo, día tras otro, aun a sabiendas del poco interés que va a despertar su trabajo en esta gran masa. Son los Bombalurina, Arrabal, Concord, Summa Artists... Aunque su público no sea numeroso, sí que es fiel y, sobretodo, agradecido.
Estimados lectores, espero puedan perdonar mi tono apocalíptico, pero son las sensaciones de un exiliado que al llegar a la ciudad a la que ama se ha dado de bruces con una realidad que había desdibujado a su gusto la añoranza de la tierra. Puede ser que se me haya derretido la nostalgia con este calor... o quizás la música excesivamente alta de aquel Hyunday Coupé me haya dejado algo traspuesto... no sé.