Opinión

Un año de Prestige, desastre ambiental y político

Publicada en MeliYa el 13 de noviembre de 2003

Esto es un artículo de opinión. Lo que dice es de Manuel Soria, Presidente de Guelaya-Ecologistas en, no del portal.

Manuel Soria, Presidente de Guelaya-Ecologistas en

Se cumple un año del terrible desastre ambiental del Prestige. En la memoria quedan ya las terribles imágenes de voluntarios arrancando el fuel de las rocas. Pero los que estuvimos allí no solo nos quedan imágenes del desastre, también nos queda el recuerdo de una experiencia enriquecedora y la certidumbre de que hicimos algo solidario para aminorar los efectos de la catástrofe.

El desastre del Prestige no solo fue un desastre ambiental, sino también social, económico y además político. Este desastre demostró que los colectivos sociales, los ciudadanos organizados, cuando quieren son más eficientes y solidarios que la propia administración pública. Una marea de voluntarios organizados por agentes sociales acudieron de inmediato para paliar los efectos de un inmenso desastre ecológico, mientras los políticos intentaban esconder el problema manipulando los medios de comunicación. Incluso hoy, un año después, la información que los ciudadanos que no se vieron afectados directamente, es escasa y confusa. Afortunadamente los agentes sociales y colectivos ecologistas pusimos en marcha vías de información paralelas e independientes que daban detallada cuenta, y siguen dando, de la magnitud del desastre. Por esas vías todavía sabemos que quedan muchas zonas de la costa aún llenas de fuel, que este verano llegó fuel del Prestige hasta las costas de Inglaterra, que los fondos marinos siguen fuertemente afectados por el chapapote y que ese fuel está llegando a la cadena trófica contaminando los organismos vivos. La contemplación in situ de la costa afectada y el trabajar en ella te hace presagiar que la solución del problema no es fácil y que perdurará a lo largo de muchos, muchos años.

Nuestro colectivo trabajó en ella seis días de enero, dentro de lo que fue la llamada zona cero del desastre: el municipio de Muxía. Elegimos aquella zona por ser la más afectada, quisimos ir al ojo del huracán, al sitio más difícil. Fueron 28 los voluntarios, incluyendo a los dos conductores de la COA que también bajaron al tajo. El alojamiento se hizo en un pabellón polideportivo, eran cientos los voluntarios y a cada voluntario le correspondía un colchón y una manta. La comida se hacía en la lonja servido por militares y señoras voluntarias del pueblo. La solidaridad era la premisa más importante. Allí había carteles de los grupos venidos de todos los puntos de España, allí dejamos el nuestro como recuerdo de nuestro paso. A los de Melilla junto con el resto de voluntarios en Muxía nos tocó ir a "desvirgar" una cala aún no trabajada, la cala de rocas de Río Oscuro. Había que acceder a pie por un precioso camino de dos kilómetros, siempre lleno de barro. El espectàculo era dantesco, las rocas estaban llenas de chapapote. Los capazos llenos de fuel se iban evacuando a gran velocidad pero sin embargo la visión de la cala seguía siendo igual de negra. Los seis días fueron de lluvia, de frío y de trabajo en unas condiciones de alojamiento precarias con un largo viaje de ida y vuelta.

Pero no solo fue duro el trabajo in situ. La organización empezó dos meses antes y ya te dabas cuenta de que el desastre no era solo ambiental. Estaba latente el desastre político. Los tropiezos para llevar a la expedición fueron grandes. Empezaban desde la misma Galicia, diciendo que no hacían falta voluntarios, que ya había pasado todo, cuando por nuestras informaciones sabíamos que se pasaban por momentos difíciles en la costa. Hasta en la lejana Melilla, hubieron zancadillas. La Ciudad Autónoma ignoró totalmente nuestra expedición, no soltó ni un solo euro de las escasas 400.000 pesetas que gastamos para toda la expedición. Solo tuvimos ayuda de Transmediterránea, un empresario gallego y algunos particulares con pequeñas aportaciones. Nos costaron meses pagar las deudas. Muchos empresarios no quisieron ayudar pues podían ponerse a mal con La Ciudad Autónoma. Televisión Melilla aún no ha emitido el documental elaborado con nuestros medios, ya que ni siquiera nos permitió llevar un cámara financiándolo el Colectivo. Cuesta creer que un consejero ha ido a Galicia a recoger una medallita de agradecimiento, sin decir una palabra de nosotros. Con el dinero que se ha gastado en el viaje, podríamos haber hecho otra expedición.

La Ciudad Autónoma por su parte organizó otra expedición. En su mayoría funcionarios del Ayuntamiento a los que se les cedió los días. Durmieron en hotel, comieron con mantel y fueron con jefes, secretaria y vehículo de apoyo. Trabajaron en una zona más fácil a las órdenes de una empresa y fuera de todo contacto con otros grupos de voluntarios venidos de todo el mundo. El coste fue de casi tres millones de pesetas sin incluir los costes indirectos: días no trabajados, publicidad en los medios, regalos... El coste diario del trabajo de un voluntario fue superior a lo que hubiera costado un trabajador.

Después de un año hacemos balance. Lo mejor, no habernos mezclado con los políticos, no haber jugado a su juego. Fuimos voluntarios en toda regla. Ahora, estamos orgullosos de no haber tenido ayuda de la Ciudad Autónoma. Nuestra acción fue noble y sincera, lejos de los intereses bastardos de los políticos, incluyendo gobierno y oposición. No hemos tenido agradecimiento oficial por nuestra participación, ni de Melilla, ni de Galicia.

Y sobre todo los voluntarios, que con tiempo de sus vacaciones, con su esfuerzo y tesón estuvieron allí. En los días que estuvimos de viaje no pude escuchar ninguna queja, a pesar de las caminatas, del fuel, de la ola de frío, del granizo, de dormir en el suelo y de comer rancho. Cuando salía del tajo y me alejaba para tomar fotos e imágenes de la gente trabajando, era emocionante ver a los tuyos, negros hasta el cuello y con la cabeza agachada arrancando el fuel de las rocas. Los de Melilla trabajaron codo con codo con los del resto de España y del Mundo. Eran los más dispuestos, los más alegres y los últimos en abandonar el tajo. No necesitaron regalos, medallitas, ni agradecimientos. De las decenas de imágenes en el recuerdo no quiero destacar ninguna, y para todos ellos, los voluntarios de guelaya solo quiero recordarles nuestro grito: ¡ atataoui !

Manuel Soria Presidente de Guelaya-Ecologistas en Acción

http://www.guelaya.org