Opinión

El velo o la vida

Publicada en MeliYa el 31 de agosto de 2004

Esto es un artículo de opinión. Lo que dice es de José Francisco Sánchez Beltrán, no del portal.

José Francisco Sánchez Beltrán

El velo o la vida

Mientras los presupuestos públicos de la amorfa y confusa Europa siguen racaneando por aquí y por allá, pero subvencionando unívoca y puntualmente a cuantos Centros Islámicos lo soliciten, los actuales y continuos secuestros y asesinatos ceremoniales de infieles en las tierras mahometanas, aclaran suficientemente los verdaderos presupuestos ideológicos que subyacen en el conjunto del complejo cultural musulmán: Por encima de las sanguinarias rencillas domésticas entre sectas, la particular selección de víctimas para la carnicería, y su infame sacrificio, con ademanes propios exclusivamente de los más brutales matarifes, pone de manifiesto la cosmovisión dominante en todo el mundo islamita, y compartida por la generalidad en la que se incluye la minoría de exaltados, según la cual el Universo Humano se divide, terminantemente, en dos castas: la de los elegidos a dominar por las buenas o por las malas y la de todos los demás. Y si me equivoco, me corrigen. Que se tengan o no arrestos y herramientas para ello es cuestión, entre otras cosas, de tiempo.

Resulta por ello, hasta cierto punto coherente el antagonismo absoluto musulmán contra la estructura laica republicana francesa en la que se encuentra proscrita en el entorno público la ostentación de símbolos ideológicos de cualquier tipo. Lo que no se entiende tan bien es el torpe y miope interés europeo por facilitar la integración de quienes no disponen siquiera de tal vocablo en su piadoso y determinado léxico. La sociedad del consenso está en la peor de sus crisis. En una de mis recurrentes pesadillas diurnas aparece Ana Belén, enloquecida como Juana de Arco, cantando "Circuncídame" mientras los doctores de la ley mahometana le hacen, una y otra vez, lo que le hicieron a mi hijo en Valencia, el 15 de marzo de 2003. Que Dios me perdone. Y Ana, también. Pero es que yo tampoco razono, y además yo casi no soy yo: un espíritu justiciero se me ha metido dentro. La que nos espera.

José Francisco Sánchez Beltrán