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Ingresa en prisión un condenado por malos tratos
Se trata de Manuel J.S., de 50 años y militar de profesión
Publicada en MeliYa el 1 de julio de 2004
El Juzgado de lo Penal número 1 de Melilla ha ordenado hoy el ingreso inmediato en prisión de un hombre condenado a un año de cárcel por delito de maltrato en el ámbito familiar, tras ratificar la Audiencia Provincial de Málaga en Melilla la condena y para evitar posibles represalias hacia la víctima.
Según han informado fuentes judiciales, en cumplimiento de la sentencia tras ratificarla la Audiencia al desestimar el recurso presentado, el condenado, Manuel J.S., de 50 años y militar de profesión, ha sido detenido este mediodía por funcionarios del Cuerpo Nacional de Policía e ingresado en el Centro Penitenciario de Melilla.
Según las citadas fuentes, se ha ordenado el ingreso inmediato en prisión del maltratador, que además disponía de arma reglamentaria dada su profesión, ante el "riesgo" de que pudiese agredir a su compañera sentimental al conocerse el fallo.
El Juzgado de lo Penal número 1 de Melilla condenó en primera instancia a Manuel J.S. a un año de prisión por un delito de maltrato en el ámbito familiar tras haber vejado o agredido a su compañera sentimental, de confesión musulmana, en varias ocasiones, una de las cuales, ocurrida el 15 de mayo de 2002, tuvo como consecuencia la perforación de un tímpano, contusiones en brazos y costado derecho y arañazos en el cuello.
En el recurso del acusado, desestimado por la Sección VII de la Audiencia Provincial de Málaga en Melilla, la parte recurrente alegaba la ausencia de denuncias ante varias agresiones, la retirada de otras o que la víctima había asegurado no haber sido agredida por el condenado, achacando por ejemplo la lesión en el tímpano a una época anterior a haber contraído matrimonio con él, y las contusiones a un accidente eventual o a una autolesión para perjudicar a su marido.
En su fallo, la Audiencia, relata las distintas agresiones a la víctima o partes de lesiones médicos emitidos respecto a ella entre 1994 y 2003 y también agresiones a su hija, y señala que el haberse desdicho de las imputaciones, la retirada de las denuncias o el haber "perdonado o justificado el incívico, brutal y salvaje comportamiento" del cabeza de familia, revela "el terror que el acusado determina en sus víctimas".
También considera que existe un "utópico anhelo albergado en las víctimas de que la situación familiar se normalice y no se repitan episodios de la misma índole", pero desestima el recurso al entender que existe el delito de maltrato en el ámbito familiar.