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La Gota de Leche se llena de cariño y solidaridad en la antesala de las fiestas de Navidad
Cinco centenarios y todos los residentes reciben la muestra de cariño de voluntarios, hermanas de la Caridad y autoridades
Publicada en MeliYa el 13 de diciembre de 2005
El Centro Asistencial La Gota de Leche ha vivido su jornada navideña. Vendrán más días cargados de música, polvorones y papás noeles pero nada mejor para abrir boca que la compañía de las voluntarias, el personal del centro, las Hermanas de la Caridad y algunas autoridades que no se limitan a cumplir con la agenda sino que viven intensamente los momentos de convivencia con el mayor.
La labor que llevan a cabo las voluntarias no tiene precio. La ilustre Morala Casaña dice que “hay que darle gracias a ellos por dejarnos trabajar a su lado”. Buena frase que sintetiza el espíritu de estas más de 30 mujeres -y un hombre- que a diario se acercan a quienes por edad o dolencias están mejor allí.
Imagen Queda lejos la imagen de aquel centro de beneficencia, aquel 'aparcamiento de viejos' al que estaban destinados quienes por edad, medicinas o falta de compañías se encaminaban en las postrimerías de su existencia al antiguo barrio del Buen Acuerdo.
Hoy la Gota de Leche es un centro asistencial con todas sus consecuencias enormemente bien dirigido por Miguel Fernández Bartolomé y su equipo. Depende de la Ciudad Autónoma a través de su Patronato, revisa todos los días cuidadosamente los resultados de la Rifa de la Caridad, otra expresión de la solidaridad de los melillenses. Es, vaya, un barrio de cariño que, de casa de acogida de ancianos, se ha convertido en geriátrico de primera división y templo de la caridad.
José Antonio Bueno Arcas, como su primer apellido reza es experto en bonhomía, ha preparado un bufé de calidad y diversidad que a todos ha gustado. “Hay que tener cuidado, preocuparse de los diabéticos, sobre todo, pero nada mejor que trabajar con personas agradecidas”.
Carmina San Martín, erigida en maestra de ceremonias, envió a la audiencia palabras de cariño sentido. Muy bien la consejera de Festejos que estuvo de fiesta intensa con quienes más enseñan, los mayores.
Veteranos Cinco residentes, andantes entre los 98 y 100 años, recibieron sus regalos especiales pero gracias a ese Voluntariado de Atención al Mayor, el detalle se hizo extensivo a todos y a todas. La ocasión fue 'al pelo' para conocer por dentro las magníficas instalaciones del remodelado Pabellón de Hombres: moderno, eficaz, manejable.
Paqui Conde no lo puede evitar, “cada vez que vengo me echo a llorar”, pero es un llano de cariño, moralidad y buen nacimiento. ¿Quién no se conmueve al ver a tanta humanidad reunida en torno a una buena mesa y al cariño de los demás?.
El sol que, finalmente, acarició las conciencias en la jornada del martes, vino a sumarse a la fiesta de los mayores de la Gota de Leche, un sol apacible, como ellos, generoso, también como ellos, y luminoso, como abriendo el cielo de los corazones de los melillenses para escribir con letras de amor la universalidad de la Navidad.