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La historia reciente de Melilla, Eduardo León, recibe cumplida evocación por su Centro de Hijos, fieles desde 1961
La Navidad se acerca a la avenida del preclaro Castelar en clave de villancicos y fiesta sociall
Publicada en MeliYa el 18 de diciembre de 2005
El Centro de Hijos de Melilla, cada Navidad, se acuerda de don Eduardo León Solá. Hemos abreviado el tratamiento; sería excelentísimo, ilustrísimo, todo. Fue alcalde de Melilla, delegado del Gobierno y procurador a Cortes, diputado de la época.
Cada año, esa institución que don Eduardo fundó allá por el 1.961, cuando el fenómeno asociacionista era el sueño imposible de tres o cuatro melillenses, nació.
La entidad, con las únicas ambiciones de jugar al billar, comentar los chascarrillos de los repórteres periodísticos, complacerse en la contemplación de la gran ciudad, eternamente olvidada por el Estado y hacer amistad, nació. Don Eduardo fundó el Centro de Hijos de Melilla y, con él, la esencia de las tierras de aluvión que nos juntamos acá.
Bueno, pues el domingo se evocó la figura de León Solá, recientemente perdido en el día a día pero siempre presente en las ánimas de los de aquí. El primer presidente del CHM da nombre a su más disputado y querido torneo de dominó, el de Navidad.
Siempre hay gallos para el corral y este año han ganado Manolo Rosa y Juan Lucena. Plata para la pareja formada por Andrés Algarte -eminente central de la defensa de la UD Melilla, que fue- y Ramón Cabrera. Cierran el cuadro de honor del León Solá de dominó Manolo García y José Céspedes.
Hermosa jornada dominical para hablar de lo propio y lo ajeno e incluso, opinión del periodista, quede claro, para llamar a las conciencias de la Ciudad Autónoma: ¡Antonio -Miranda- hace falta una obreja para dar mayor eficacia al local del Centro de Hijos de Melilla!, pregunta por Pepe Rodríguez, él te lo cuenta.
¡Ay, ese local! Sí, porque se quedó muy pequeño para la gran fiesta de los aborígenes de la Hija de Marte, a pesar de los inconmensurables y excelentes oficios de Joaquín Rosa and family que obsequiaron a los melillenses de siempre con lebrillo gigantesco, finalmente corto, de callos y paella de campo a base de magro y conejo, qué punto, Joaquín, qué punto.
Lo importante, digo, fue recordar a don Eduardo León Solá. A Dios gracias estuvo su viuda, doña Eulalia Asensio, 'Lala?, hermosa, activa y fiel a su pasado conyugal. Estuvo la mayor parte de sus hijos, nueras y yernos. Es que hablar de León Sola es hablar de las últimas decenas de calendario de nuestra historia. Y eso lo saben en el Centro de Hijos de Melilla.
¡Qué bonito asistir una vez más al concierto de laúd y guitarra de la panda de Diego!. Temas: La Ferroviaria, espléndidamente interpretada por los actuantes, La Dolores, en fin, pasacalles y pasodobles que evoca de manera pulcra el grupo de Diego. Para quien no lo conozca -¿quién o conoce al nonagenario Diego?- es alma máter et magistra del Coro Rociero de Nuestro Padre Jesús Cautivo y María de la Victoria, junto a José, Juan Rafael, Minchu, Pilar, la Encarna, en fin, perdonen al periodista los ausentes de la crónica.
Melilla es en sus gentes, no sólo en sus monumentos, campañas y reverberaciones. Si hay gente digna de esta plaza, presidio, provincia o autonomía -táchese lo que se desee- esa gente es la que figura en la nómina de socios del Centro de Hijos de Melilla. Y como dijo Ramsés II: “Que así se escriba y así se cumpla”.