Reportaje · Semana Santa
La Semana Santa de Melilla, cumple 25 años de su nueva manifestación plástica
La falta de apoyo popular que hace caer en picado a cofrades y hombres de trono, preocupa seriamente a la Agrupación de Cofradías
Publicada en MeliYa el 19 de marzo de 2005
Ángel Morán
La catequesis práctica y los principios que deben conformar la actividad de los católicos melillenses que desarrollan su acción religiosa en hermandades y cofradías, son los ejes principales por los que se encauza la actuación previa a los actos de la Semana Santa de esta ciudad.
Parte imprescindible de esta actuación es la labor que viene desarrollando el nuevo vicario de Melilla, Antonio Ramos Ayala, quien apoyado en el Plan Pastoral Diocesano, en sus compañeros sacerdotes y muy especialmente en los cofrades, ha hecho pública una especial invitación a que los cristianos “no nos quedemos en estas fechas en la superficialidad de Dios, de la fe, de las cosas y los acontecimientos”.
La Semana Santa melillense pasa por un período de dificultad, al cumplir, precisamente este año, el vigésimo quinto aniversario de su nueva manifestación plástica, tras que en 1974, el entonces vicario episcopal, Salvador Guirado Tamayo, decidiera la suspensión de las procesiones “por la pérdida de compromiso de los cofrades y cofradías melillenses”. Esta oportuna decisión, aprobada sin reservas por el entonces obispo de la diócesis, don Ramón Buxarrais, vino a ser la conclusión de un irreversible deterioro de la actividad cofradiera, hasta el punto de que, por ejemplo, la mayoría de los tronos realizaran sus respectivas salidas procesionales sobre ruedas, a falta de costaleros, o de que la mayoría de ellos fueran soldados que efectuaban su servicio militar en la ciudad, enviados a tal fín y a requerimiento de las cofradías, por la autoridad militar. Estos soldados, tenían que soportar, no ya las dificultades y molestias que entraña el caminar tapado con una túnica, sino hacerlo además con botas del ejército que proclamaban su condición debajo de los faldones. Si bien es verdad que estas circunstancias se produjeron los dos años anteriores a la decisión vicarial, a las mismas habría que añadir la total falta de identificación del pueblo con la realidad cofradiera del momento, más aún si tenemos en cuenta que los aires postconciliares llevaban a los fieles melillenses a optar por otras actitudes y compromisos religiosos más a tono con los nuevos tiempos.
Esta vez no es la pérdida de compromiso, sino el cambio generacional que conlleva el propio cambio de actitudes, de modas, y desde luego la realidad laicista que nos invade, los que están influyendo negativamente en el devenir de la actuación de las hermandades y cofradías quienes no disimulan el tener serias dificultades para portear a sus sagrados titulares por las calles del recorrido oficial. Por otra parte , las posibilidades económicas de las familias cristianas melillenses, -definidas así, para diferenciarlas específicamente de las integrantes de otros credos que conforman el hecho multicultural de Melilla- quienes habitualmente están encerradas en los parcos doce kilómetros cuadrados de influencia geográfica de la ciudad entre etapas vacacionales, está provocando que cientos de ellas prefieran trasladarse a la península o a Marruecos para disfrutar de unas merecidas vacaciones aunque estas, en ocasiones, consistan en presenciar otras “Semanas Santas”, indiscutiblemente más abigarradas que la propia. Y lógicamente todo ello provoca un serio déficit, no ya de público presenciando las procesiones, sino lo que es peor de cofrades dispuestos a mantener el rico bagaje socio- religioso que entraña el hecho cofradiero en la ciudad.
La autocrítica como medio de superación
Este sucinto análisis previo de las dificultades por las que atraviesan las hermandades y cofradías de la Semana Santa melillense, está teniendo, como hemos dicho al principio, un serio análisis en reuniones programadas con motivo de las próximas y más importantes fiestas del calendario católico. Así ya hemos comentado la actividad incansable del recientemente nombrado nuevo vicario eclesiástico, Antonio Ramos, pero también los organizados por entidades privadas como la peña “Solera Flamenca”, -que anualmente acoge a los principales dirigentes, hermanos mayores, miembros de las distintas juntas de gobierno y cofrades en general,- para discutir en profundidad las lineas maestras por donde se define el futuro cofrade de la ciudad. En una de estas reuniones, el hermano Juan Antonio Álvarez Gordillo, del Colegio La Salle de Almería y activo participante en el pasado en la actividad cofradiera melillense, efectuó un profundo análisis acerca de los planteamientos a adoptar para concretar la acción cofrade actual y, desde luego, sus planteamientos de cara al futuro.
Como linea principal del reto de futuro que se les abre a las cofradías, Álvarez Gordillo propuso el mantenimiento de la formación de sus miembros dentro de un contexto de inexcusable fe católica que debe alumbrar el sentido y comportamiento vital de los cofrades. Será necesario transmitirles el ánimo y valor que ello comporta y desde luego concretar su función dentro de estos movimientos religiosos. Precisamente, fue en el transcurso del debate final de esta conferencia donde se planteó la necesidad de una mayor interconexión entre los distintos grupos de militantes de la Iglesia Católica melillense, al haberse percibido, hasta la llegada del nuevo vicario, un serio alejamiento entre aquellos cuya actuación se centra fundamental y concretamente en labores de apostolado seglar y las hermandades y cofradías que han llegado a ser rechazadas por los primeros, durante años, al considerarlas entidades de escasa o ninguna solvencia religiosa más dedicadas al folclore populista que a otra cosa. El largo debate posibilitó la certeza,
manifestada a través del propio vicario, Antonio Ramos, eso si, sin contar con la presencia de algún miembro de los movimientos seglares -, de que el Plan Pastoral Diocesano es este año especialmente sensible a la aportación de las hermandades y cofradías en la seguridad de que sus generosas actuaciones hacia los más necesitados y su posibilidad de atracción de fieles hacia las procesiones y cultos cuaresmales, son tenidas muy en cuenta por la Iglesia en su conjunto.
Destacar que, en la mesa central de conferencia y posterior debate figuraban , junto al vicario y al conferenciante, el hermano mayor de la cofradía de Nuestra Señora de la Soledad, Javier Calderón, presentador del ponente, y el presidente de la Agrupación de Cofradías melillenses, Gregorio Castillo.
La juventud como esperanza de futuro
Tratamiento aparte merece el apartado que Juan Antonio Álvarez, profundo conocedor de ella como docente, dedicó a la juventud. El cuidado y tratamiento sensible en un grupo de la sociedad cada vez más separado del hecho religioso, supone, en versión de Álvarez , “un paso decisivo para la estabilidad del movimiento cofradiero y de su futuro”. Se hace pues necesario atraerla para que dé su respuesta de ilusión, entrega y sacrificio – que les son propios-, por los amplios cauces que, en este sentido, les ofrecen las hermandades, sus expresiones plásticas, y su sensibilidad especial hacia los necesitados. Desarrollar pues, en el ámbito general de las cofradías una posible, por necesaria, participación juvenil, -que en estos momentos se expresan en organizaciones no gubernamentales de contenido laico, cuando no antirreligioso-, debe ser uno de los principales retos a tener en cuenta por los dirigentes cofrades. Es en la dificultad de atraer a los jóvenes, desde su actual comportamiento laxo y a veces receptivo de ideas que los alejan, cada vez más, de las actitudes religiosas, donde tal vez se encuentre la dificultad principal . Pero en ello, está la solución a años de educación paternal muy acomodaticia , proclive a la excesiva tolerancia, que han llevado a la juventud al evidente alejamiento de todo lo que huela a religión. La norma actual sería, “yo creo en Dios, pero no en la Iglesia”, lo que evidentemente complica las cosas a ésta, por si no lo tenía bastante complicado en este sentido. ¿ Solución? Doctores tiene la Iglesia y no somos nosotros quiénes para enmendarlos, que diría el catecismo del padre Astete. Pero el problema de la
relación juventud-cofradías en Melilla, pasa inexorablemente por intentar que de estas aflore la necesidad de que las nuevas generaciones recogen la antorcha que ya comienzan a dejarles sus padres , los mismos que, en la Semana Santa de hace veinticinco año, se comprometieron, primero desde la Cofradía de la Soledad, y después desde el resto de cofradías, a hacer valer, seguro que de forma definitiva, una de las más bellas tradiciones de la ciudad
Con el Pregón, da comienzo la Semana Santa.
Andrés Domínguez Catalá, hasta el pasado año, hermano mayor de la Cofradía de Jesús Humillado y María Santísima de la Piedad, ha sido el encargado por la Agrupación de Cofradías, de “pregonar” la Semana Santa melillense. El pasado sábado día 12 de marzo por la noche, en la Iglesia arciprestal del Sagrado Corazón, durante poco más de cuarenta y cinco minutos, que en cuestiones como estas y según a quien se le agradece
profundamente, Domínguez Catalá, militar de profesión y hombre muy introducido en la acción cofradiera, efectuó un análisis serio y disciplinado, de los misterios que, para los cristianos, constituye la Semana Mayor, iniciando sus palabras sin inflexiones y de forma rigorista, cantando las excelencias de la ciudad de Melilla, tan tolerante en el orden de las relaciones humanas y tan austera en sus manifestaciones de cualquier religión, plasmando con concreción y acierto, una catequesis popular como el mismo definió su trabajo.
Para Domínguez Catalá, esta Catequesis Popular, “se imparte por medio de una imágenes con las que nos sentiremos en mayor o menor medida identificados en las distintas advocaciones que veneramos”, refiriéndose naturalmente a las diferentes imágenes que constituyen
la amplia, rica y bellísima imaginería de la Semana Mayor melillense. Para el pregonero, no obstante, “en esta catequesis, no debemos quedarnos solo con las representaciones plásticas de los pasajes bíblicos que nos muestran los tronos, pues ellos nos exponen por lo común circunstancias centradas en los momentos de la Pasión del Jesús, generalmente desde su entrada triunfal en Jerusalén, hasta su Resurrección, recibiendo infinidad de nominaciones y la más variada gama de matices de orden estético, que diferencian a unas imágenes de otras. Tampoco debemos fijarnos solo en la apariencia externa de estas representaciones, realizadas en los más variados estilos y de mayor o menor belleza plástica. Simplemente nos sirven de guía visual para entender por medio de la imagen, que Jesús se entregó por nosotros, redimiéndonos con su muerte y resurrección”. “Para lograr que esta catequesis alcance su razón de ser, debe ser impartida por medio de un lenguaje que facilite su asimilación y entendimiento por las gentes del pueblo llano, al que principalmente van dirigidas. Debemos esforzarnos-continuó diciendo el pregonero de la Semana Santa melillense-, en evitar mensajes cargados de signos y palabras rimbombantes que no permitan su comprensión a quienes van dirigidos”.
Un segundo estadio de reflexión, supuso para Andrés Domínguez el compromiso de los reunidos en la vida interna de las cofradías, “no solo desde la calle, sino también sacramentalmente en nuestros queridos templos, a manifestarla de forma ordenada digna y hermosamente por nuestras calle. Ser auténtico cofrade es una condición inseparable del sentirse comprometido y del vivir cristiano”,
Seguidamente, el pregonero reflexionó sobre la labor que realizan las cofradías dentro de la práctica de la caridad. “Nuestro compromiso es socorrer a los necesitados, no limitándonos solo a las carencias materiales, sino también a prestarles nuestra ayuda, tanto en temas sociales como espirituales, siempre desde el buen saber hacer dentro del comedimiento de lo que nos alcancen nuestra formación y responsabilidades. Este cometido se realiza normalmente dentro del más profundo de los anonimatos, pues se comprende, que no es una caridad bien entendida, la realizada de cara a la espera de un reconocimiento público por la ayuda prestada”.
Tras efectuar la tradicional exégesis pastoral acerca de todos los misterios que se desarrollaron durante los días de pasión, de Domingo de Ramos al de Resurrección, - acompañado naturalmante del habitual canto a las dieciséis imágenes que efectúan el recorrido procesional a lo largo de la semana-, Andrés Domínguez concluyó con la misma humildad con la que
inició su pregón, compartiendo con los presentes sus términos y reflexiones.
Días de triduos y comienzo de las procesiones
Con la celebración durante esta semana de los tradicionales cultos en honor de sus respectivos titulares, se cierra en la Iglesia melillense el primer bloque de actuaciones previos al comienzo de las procesiones y naturalmente a los actos religiosos que recuerdan la pasión, muerte y Resurrección de Cristo. Los componentes de las cinco cofradías integradas en la Iglesia melillense, han dado ya los últimos toques a las imágenes y tronos, pendientes de que, un año más, todo salga a satisfacción de todos. Sin duda el temor, reseñado al principio de este trabajo, de que la falta de respuesta popular pudiera impedir la salida de alguna de esta imágenes, subyace por debajo del tremendo esfuerzo que los cofrades mantienen estos días. Pero la esperanza es una virtud especialmente querida por los cristianos. Por tanto, deben acogerse
a ella para suplir las dificultades, sin obviar el duro trabajo de todo el año y sin olvidar, especialmente, a la Agrupación de Cofradías que se debe a un exigente trabajo que permita, no ya mantener lo conseguido, sino aumentarlo en calidad y proyección, no ya en el orden religioso, sino también en el social como necesario entronque entre hermandades, cofradías y pueblo melillense en general.