Opinión

De los gobiernos y el interés general

Publicada en InfoMelilla el 17 de noviembre de 2006

Esto es un artículo de opinión. Lo que dice es de Antonio Gutiérrez Molina, no del portal.

Antonio Gutiérrez Molina

La democracia tiene una gran ventaja a la hora de definir la agenda política: el gobierno puede convertir sus ideas en acciones concretas, frente a las cuales se tienen que definir el resto de los actores políticos y sociales. Es razonable afirmar, por tanto, que si la agenda política española no se corresponde con los intereses de la mayoría de los ciudadanos es porque el gobierno no está respondiendo al interés general, sino a otros intereses.

Tenemos la suerte en Melilla, de que este no es el caso que nos ocupa. Los melillenses votaron a un Gobierno, presidido por Juan José Imbroda, comprometido con la ciudad y con los melillenses, y aunque bien es verdad que a veces se tilda al Gobierno de Melilla de cometer errores, la realidad es que su calendario político ha sabido responder a las claras a las demandas y necesidades de los melillenses.

El último Barómetro del CIS, cuando evalúa la agenda política del Gobierno socialista, llega a la conclusión de que los problemas que más nos afectan a los melillenses son el paro, los problemas relacionados con la economía, la vivienda y la inseguridad ciudadana. Si los melillenses atendemos a lo que dicen y lo que hacen quienes conforman el Gobierno de la Nación descubrimos que nuestras preocupaciones ocupan poca o ninguna atención en su agenda política.

El Gobierno de Melilla, sienta las bases de las actuaciones que en estas materias se deben poner para que la posterior acción del Gobierno de la Nación, en temas que son de su absoluta competencia, y así pueda dar una respuesta clara, rápida y eficaz a esas demandas de los melillenses.

El ejecutivo autonómico no dispone de presupuesto para tales menesteres, y ahí, el presidente Imbroda y con desigual fortuna gestora, de los que componen su Gobierno, han sabido estar a la altura de las exigencias del conjunto de los ciudadanos melillenses en sus demandas de más viviendas, más seguridad, más recursos económicos y más empleo.

Si analizamos la cuestión que nos ocupaba, cabría preguntarse cuándo fue la última vez que algún miembro del gobierno de España hizo propuestas de reformas laborales o económicas para Melilla. Cuándo fue la última vez que tuvo la sensación de que ese gobierno se tomaba en serio el aumento de la inseguridad en nuestras calles o barrios. O cuándo apreció que el Ministerio de Vivienda se preocupaba realmente del fin para el que fue creado en vez de hacer propuestas más propias de una chirigota gaditana y lograr que Melilla cuente con ese necesitado III Convenio, pero no de palabra, sino de hecho, como ocurrió con los gobiernos de José María Aznar, que propiciaron la mayor construcción de viviendas de manera consecutiva en Melilla.

Movidos por extrañas ilusiones que sólo pueden encontrarse en el desprecio que el gobierno de Rodríguez Zapatero parece tenerle a Melilla, éste no sólo ha renunciado a afrontar los problemas reales de los melillenses, sino que además se ha dedicado a crear otros donde no los había. Buena prueba de ello son los sucesivos recortes en las aportaciones que a través de los Presupuestos Generales del Estado se han realizado a Melilla, el descenso de los fondos comunitarios destinados a nuestra ciudad o las dudas que genera la falta de rotundidad de nuestro presidente del Gobierno a la hora de referirse a la españolidad de Melilla.

El gobierno socialista ha ocupado todo su tiempo en cambiar políticas que no era necesario cambiar. Y no lo era por dos motivos: porque los ciudadanos no lo demandaban y porque lo que se ha cambiado estaba dando sus frutos.

Es una pena que en vez de discutir sobre las fórmulas para lograr que Melilla sea una comunidad en la que se siga creando empleo, o en la que se pueda dar respuesta a la exigencia de viviendas de una buena parte de los ciudadanos, el gobierno del Partido Socialista siga empeñado en paralizar proyectos necesarios y vitales para la Melilla de los próximos años. Es una lástima que además haya dedicado tanto esfuerzo a torpedear todas las iniciativas que el Gobierno de Juan José Imbroda ha venido presentando de manera reiterada durante los últimos tres años ante los diferentes ministerios.

En suma, sería una lástima que los ciudadanos melillenses, que conocemos quien o quienes hacen o deshacen por y para Melilla, no aprovechásemos la oportunidad, la que nos dan las urnas una vez cada cuatro años, para poner a cada uno en el lugar que verdaderamente nos merezcamos. En ese lugar, que a nadie le quepa duda que el presidente Imbroda merece el destacado papel que los hechos y no las palabras, le han dado. El ha sabido estar a la altura de las circunstancias. De otros, ya hablaremos.