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'Días de estirpes y soles' recupera para la poesía melillense al Juan Garbín más reivindicativo y crítico

El poeta emboca la veintena de publicaciones con una arremetida contra los 'ebrios de poder'

Publicada en MeliYa el 25 de marzo de 2006

Salvador Ramírez

'Días de estirpes y soles' es la última creación poética de Juan Garbín. Editado por Vulcano, dentro de la colección Calíope, la obra de Garbín recupera un espíritu crítico y críptico que nunca perdió a lo largo de su carrera literaria. Dividido en cinco capítulos, las estirpes y los soles de Garbín arremeten con letra elegante contra los ebrios de poder.

Y lo hacen merced al verso corto y transgresor: “por sus palabras/se creía/un dios/eyaculando/planes e ideas/si acariciaba/el cetro/del poder/ansiado/. No lo dice el autor pero su punto de mira se alinea en perpendicular con la imagen de cualquier político ávido de ambiciones.

“Reacio a otras realidades, en él habitan otros soles y le amamantaban la vanidad y el halago”. Juan Garbín no ha sido un escritor cómodo al poder establecido. Nada más que irse a su 'zoco' del dominical La Voz, de Melilla Hoy, para degustar su terrible descarga en verbo ocurrente y legítimo contra el etablishment, que dirían los cursis.

La poesía de Juan Garbín evoluciona por dos razones: su completo dominio de métricas, consonancias o asonancias -son ya 19 libros en solitarios- y su deseo de conocer todos los sistemas -o si no inventarlos- para comunicar en verso. Estirpes y soles es la demostración palmaria de que la inconoclastia poética puede presumir de sensibilidad y riqueza literarias.

El poeta recurre al dislate ágil para crear un gul de sensaciones y posibilidades: “Otra vez el silencio va tallando palabras y versos que tal vez queden en la placenta de estirpes y soles aun no nacidos”. Cada cual puede derivar en inusitadas conclusiones pero nadie negará que el marco propuesto por Garbín es tan sugerente como esclavizante.

El libro de Juan Garbín Vereda merece ser leído. Hay justificaciones de sobra. El mensaje subliminal pero vigoroso de crítica saeta dirigida al poder establecido es un soplo de aire fresco en una sociedad en la que algunos de sus sectores integrantes echan de menos la libertad de expresión estricto senso.

Las anarquías métricas y de rimas componen una inolvidable rapsodia de sensaciones contrapuestas que hacen sentir...¡con lo difícil que es sentir leyendo hoy en nuestros días!. El director de orquesta, Garbín, como Leonard Berstein, se convulsiona a la batuta si es preciso para conmover al auditorio. Juan a sus lectores, claro.

Al cabo de los años, 'Días de estirpes y soles' nos devuelve a un Juan Garbín más comprometido que nunca, pluma joven y jovial, criterios asentados presididos por su proverbial sinceridad. Hay elocuencia y dominio de los tercios, pero hay que leer el libro más de una vez porque la obra gusta y sorprende en la primera lectura, el enriquecimiento literario y el placer de una reflexión humanizadora vienen luego, en ulteriores repasos de las estirpes y de los soles.