Local
Eduardo Morillas es proclamado Melillense del Año 2006 en el curso de una emocionante velada atiborrada de melillismo
La Gala de la Prensa cede protagonismo al brillante acuarelista que, con sencillez, se declaró emocionado con el galardón
Publicada en MeliYa el 8 de septiembre de 2006
Esta es la historia de un melillense de pro, la noche-madrugada de Eduardo Morillas. El momento en el que el reconocido pintor recibió la distinción de Melillense del Año 2006, allá en el Salón Dorado, sentado en la mesa presidencial con su esposa, Francis, emocionada y orgullosa de ser la compañera de un hombre que, por encima de todo, lleva a gala su melillismo.
La gala de la prensa dejó justamente a los periodistas en un segundo plano para volcar toda su intensidad emocional e institucional en el pintor, el antiguo director de la Escuela de Dibujo, ese hombre que, con muy pocos años a sus espaldas, visitó El Prado con Victorio Manchón para reivindicar en la mejor pinacoteca del mundo, su vocación artística.
Melilla se ha puesto a los pies de uno de sus mejores baluartes, Morillas. El Morillas desprendido, generoso, enamorado -de los suyos y de su tierra- y eternamente joven porque Eduardo, ya jubilado en lo profesional, es un chaval entusiasmado con la afición de su vida, la pintura.
Es un acuarelista consumado pero, atención, maneja perfectamente todas las disciplinas y modalidades de la paleta. Lo suyo es llevar una sensación, una intuición, al lienzo y condimentar los sentimientos con cromatismos fruto de su creatividad.
Juan José Imbroda, el presidente de Melilla, leyó su intervención institucional pero al mandatario se le escaparon latidos de un cariño proverbial hacia el Melillense del Año, reconoció ser amigo personal, envidió el melillensismo de Morillas y le homenajeó con ceremonia y sinceridad.
Era en la más noble estancia del Palacio de la Asamblea, en mesa compartida -por Imbroda- con José Fernández Chacón, delegado del Gobierno, Vicente Díaz de Villegas-Herrerías, comandante general de la Zona Militar, y el propio matrimonio Morilla.
En el antiguo Ayuntamiento estaban todos, hasta el general Jorge Ortega, antiguo jefe de la guarnición, que no quiso perderse la gala. La oposición quiso subrayar, sin roce o polémica, la proclamación de honores.
Y representantes de todos, absolutamente todos, los medios de comunicación disfrutaron de su noche, cediendo con respeto el protagonismo al pintor de la calle Murillo -otro ilustre pintor, éste sevillano- que vive en Melilla la Vieja, su barrio favorito, su fuente de inspiración, la calma de sus sueños.