Opinión
Hacia la criminalización del ciudadano ordinario II (El caso de Noria E.B. y Ali A)
Publicada en InfoMelilla el 23 de noviembre de 2006
Esto es un artículo de opinión. Lo que dice es de Yonaida Selam, no del portal.
Yonaida Selam
Al mismo tiempo que las noticias nos sacudían con la matanza perpetrada por el ejército israelí en Beit Hanoun, donde 18 miembros de una misma familia perdían la vida, entre ellos, dos bebés, familiares a su vez de un destacado dirigente palestino de nuestro país, en Melilla, nos sacudía la noticia de la detención de dos supuestos sospechosos de dar apoyo logístico a los atentados de Casablanca, Nordin E.B y Ali A., uno puesto en libertad en las horas siguientes de su detención y Ali A, tras pagar una fianza de 24.000 € en la Audiencia Nacional.
Como en el caso de Rachid Mohamed Kaddur, la presunción de inocencia dio paso a una abrupta culpabilidad, que abarcó desde las lamentables e imprudentes declaraciones del Delegado del Gobierno, hasta el espectáculo mediático auténticamente circense que algunos medios montaron en torno al mismo y que va desde la grabación por Televisión de la detención de Nordin E.B, el invento falaz de inexistentes antecedentes penales, hasta la publicación del nombre del negocio de un familiar, con foto incluida del buzón del domicilio familiar de Nordin E.B, por no hablar de cómo los tópicos y la ignorancia de algunos medios, quedó patente, cuando se destacó además, que la mujer de Nordin E. lleva ataviado el Hiyab.
Decía Jean Paul Sartre “Que el infierno son los otros” y tuve la ocasión de comprobarlo tomando café con la hermana de Nordin, una mujer afable, con carácter y espíritu, que se ha movilizado por su hermano de manera encomiable y admirable y que al escucharla, denotas que el infierno que ha vivido su hermano, antes y sobre todo después, es como si lo hubiese ocurrido a ella, pero los ejemplos son varios, el de Rachid Mohamed Kaddur, Toufik Cheddadi (dirigente e imán de la mezquita de Badalona y Santa Coloma) que además de ver como se le clausuraba su mezquita por las protestas islamófobas de los vecinos y se les enviaba a la periferia, tuvo que sufrir la denigrante detención por colaboración con grupos terroristas, para ser liberado al poco tiempo o el espectáculo bochornoso que se montó en el aeropuerto de Málaga este verano, cuando dos pasajeros británicos fueron bajados del mismo, porque habían cometido el delito, de ser paquistaníes, ir con ropa gruesa y hablar árabe y como no podía ser menos, ante la intolerancia airada de parte del pasaje, los susodichos se vieron en la obligación de bajarse del avión; ¿Hemos oído disculpas?...ninguna, ¿asunción de responsabilidades?...tampoco, estamos bajo la amenaza del terrorismo y bajo su amparo, todo musulmán es además de sospechoso, culpable hasta que se demuestre lo contrario.
El alcalde de Londres, Ken Livingstone, lo describió acertadamente, cuando comparaba la polémica en torno al Niqap o el Velo y la persecución a la que los nazis sometieron a los judíos, aunque yo añadiría también las detenciones preventivas y arbitrarias, los secuestros de sospechosos y esa infamia llamada Guantánamo, la prisión más secreta del mundo donde muchos se ven atrapados en ese vendaval llamado “Guerra contra el Terrorismo”, como el mismo Livingstone decía: ”Lo ocurrido recuerda y mucho a la satanización de los alemanes nazis, cuando Hitler decía que eran los judíos los que tenían la culpa y traían problemas” y agregaba “Hay un ligero eco de aquella basura en lo que, en ocasiones, reproduce la prensa, en torno a los musulmanes”.
Finalizo, con la presentación que Nizar Sassi, francés de origen tunecino y ex prisionero de Guantánamo, que inicia en su libro “ Guantánamo: Prisionero 325, Campo Delta” (Ediciones Edaf) y que es un reflejo de lo vivido por Rachid Mohamed Kaddur, Abderrahman el ceutí, Ruhel y Safik Ahmed (Camino a Guantánamo) y Nordin y Ali A, entre otros: “ Me llamo Nizar Sassi, tengo 26 años y he pasado cuatro años de mi vida entre rejas, de ellos treinta meses en Guantánamo, el campo de prisioneros más secreto del mundo. Por nada. Ya sé, resulta difícil de creer. Para la opinión pública, todos los que están allí son por fuerza combatientes o terroristas. Los hay, es cierto. Pero otros muchos han caído allí sin siquiera saber porqué. Yo soy uno de ellos, de los que por inconsciencia, imprudencia o irreflexión se encontraron en el lugar equivocado en el momento más inoportuno. De los que no han cometido ningún crimen y sin embargo han sido condenados sin ser juzgados. Mi historia es en cierto modo la suya. Es esta”