Deportes
Intuyo que no hay maldad de tipo alguno pero de vez en cuando es bueno que se recuerden ciertos hechos
Publicada en MeliYa el 13 de septiembre de 2006
Me ha sorprendido muy positivamente la nota que ha hecho extensiva la directiva del Gimnástico Melilla, presidida por Francisco Roldán, hacia los diferentes medios de comunicación de nuestra Ciudad, especialmente en el apartado deportivo, y en el que hacen referencia a unos hechos acaecidos durante la tarde del pasado sábado en el transcurso del partido entre la PRM Ciudad de Melilla y el Goya-Riu de Ceuta, en el que estuvieron implicados jugadores pertenecientes a la disciplina del club amarillo de División de Honor y de los que partieron ánimos hacia los caballas y en contra del otro equipo de su ciudad el de la misma categoría e incluso según me comentaron que llegaron a arrojar algún objeto aunque esto último desconozco a ciencia cierta si pudo ser o no verdad, pero insisto en que me lo han comentado.
Me parece justo, loable y sobre todo de una actitud si no valiente, al menos coherente, ya que cuanto se pretende es en primer lugar denunciar a los propios protagonistas y se hace además desde el mismo club, que ahí está el detalle –igual que el título de una película del siempre recordado Marino Moreno “Cantinflas”- porque lo fácil hubiese sido callarse y punto.
Y es que algunos chicos entienden de forma muy particular cuanto es rivalidad deportiva, extrapolándola a otros términos, términos éstos que confunden con animar al contrario, ir en contra de los que consideran sus eternos rivales y pasarse, en definitiva, respecto a modales, que además creo que son impropios de chicos que se ha de suponer tienen una cierta educación y a los 16 años, hasta un cierto nivel cultural ya.
En resumidas cuentas, que son hechos, los protagonizados por algunos –que no todos- jugadores del Gimnástico Melilla, que en la medida que puedan y deban evitar los dirigentes del club, jamás deberán producirse, porque en primer lugar se está dejando a la Ciudad y ante los conjuntos contrarios, ni mas ni menos que a la altura del betún, como suele decirse en casos como el que nos ocupa.; es decir si yo jugase por ejemplo en Málaga y viese y escuchase a los propios malagueños animar y jalear las jugadas del equipo contrario, pensaría que los propios habitantes de esa Ciudad, serían poco mas o menos que tontos, con todos mis respetos, pero lo pensaría, por no expresarme de forma mas dura.
La rivalidad entre equipos de una misma Ciudad, creo, en mi modestísima opinión –que no tiene por qué sentar cátedra ni mucho menos lo pretendo- que se tendría que tomar como algo mas serio si se quiere, pero siempre con el máximo respeto que merece una determinada entidad, en éste caso la que preside mi amigo Pepe Leiva, la Peña Real Madrid, ahora adornada con “Ciudad de Melilla”.
Lo dicho, el respeto mutuo, de seguro que será la clave del triunfo de nuestros equipos y para ello nada mejor que reflexionar sobre lo comentado.
Por cierto, casi se me olvidaba . . . ¿Pedirá perdón públicamente la Peña Real Madrid Ciudad de Melilla por los mismos hechos acaecidos durante la primera jornada de competición y donde parte de la plantilla del club que preside mi amigo –perdón por la reiteración de amistad, pero es que lo somos- Pepe Leiva hicieron exactamente lo mismo, es decir animar al Granada 74 y jalear sus dos goles como si se tratase de ellos mismos y en fecha anterior a lo acontecido por parte del Gimnástico Melilla?
Y es que es el eterno dilema ¿Quién fue primero, la gallina o el huevo?, es decir, lo hago porque me lo hicieron o lo hicieron porque se lo hicieron.
¡Que dilema! . . . ¿No?
Para mi que Peña y Gimnástico, Gimnástico y Peña, están “condenados” a un mutuo entendimiento y esto al menos por cuanto se está demostrando con hechos reales además, muchos de sus dirigentes, para mi que o no quieren entenderlo, o no acaban de entenderlo y ello en pleno siglo XXI, año 2006, es un gravísimo error, todo ello siempre bajo mi modestísima opinión, claro, que seguramente no será tomada en serio por nadie.
Bueno . . . ¡que le vamos a hacer!