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La magia de lucir con elegancia la mantilla española, prenda de gran gala en el Protocolo de Estado

Manolo Margar ofrece el decálogo a la mujer melillense

Publicada en MeliYa el 13 de abril de 2006

Salvador Ramírez

Quedan días de Semana Santa y, en consecuencias, de lucir la más preciada de las prendas contempladas en el protocolo y tradición popular españoles, la mantilla. Como todo, la colocación ordenada y elegante de una mantilla tiene sus normas.

Uno de los especialistas indubitados de la disciplina es Manolo Margar, estilista del cabello, creativo, decorador y diseñador que, por tener, tiene un modelo exclusivo suyo nada más y nada menos que en el madrileño Museo del Traje, empresa posible gracias a su buen gusto y la advocación de la viceconsejera de Cultura, Rocío Gutiérrez.

El artista tiene claro que, antes de pensar en el bello adorno, hay que crear una buena base porque no todos los tocados sirven para lucir una mantilla, aunque todas las mujeres sí que pueden rendir homenaje a la preciada prenda española.

El pelo puede ir hacia atrás. Es lo propio para mantillas que celebran acontecimientos serios y graves, aunque no es descartable un flequillo o cualquier creación de alta peluquería para mantillas más festivas. Para el caso de Semana Santa, Manolo propone una base de recogido en forma de castaña con el pelo tenso hacia atrás, justo el que le practica a María José R. Berenguer, de TVM.

Fijada la base, es conveniente -necesario- medir la mantilla porque una de las reglas de oro es que no caiga más de un costado que de otro. La mujer con mantilla ha de ser un todo homogéneo y ortodoxo. A partir de ahí comienza el trabajo de la tela y la peineta para su fijación definitiva.

Téngase en cuenta que la mantilla ha de contar con el largo adecuado a la persona que la luce. Por la parte delantera tiene que llegar hasta unos dedos por debajo de la cadera y nunca ha de ser más larga que la falda, si es que no se opta por el traje de chaqueta, uso poco frecuente cuya elegancia depende del traje y del maniquí.

Las horquillas, señala el estilista, pueden ser del color del conjunto mantilla-peineta o, simplemente, invisibles, que también las hay. Y hay que sujetar en la base sin racanería y no descuidar los costados cercanos tanto a la cara como a los hombros pensando siempre en ese siempre molesto viento que preside la primavera melillense.

Para colores, el libro de los gustos, pero hay normas: las mantillas de colores claros -blancas, cremas, champán, hasta rojas- se utilizan para fiestas, celebraciones y ceremonias no luctuosas. Es obvio que para Jueves y Viernes Santo, el negro manda. Para bodas y celebraciones festivas se admite una costumbre: mantillas blancas para solteras y negras para damas casadas.

Las buenas mantillas están hechas de encaje de Calais, de Chantilly o blonda y las auténticas, las españolas de raza pura, están hechas de una pieza, no se le ve una costura. ¿Y el broche?. Si es antiguo y auténtico, perfecto; en caso contrario es recomendable una buena imitación vintage. Hay quien dice que el ideal es el de oro blanco o plata con incrustaciones de brillantes y perlas.

Ya que estamos en Melilla, esos broches inspirados en el art decó o art nouveau inspiran y mucho, bastante más si se escogen unos pendientes a juego o si se dispone -gran privilegio- de un conjunto especialmente diseñado de pendientes y broche. Pero que no sea grande ese broche, porque la protagonista de la puesta en escena es la mantilla y su bordado, no el broche.

Y, por último, el atuendo. Manolo Margar, discreto y comedido, lo dice de forma elegante: nada de estridencias. Servidor lo canta a lo barquero: ni una concesión al aspavientos, nada de minifaldas con medias negras y taconazo de aguja. Lo anterior es todo lo contrario al espíritu contrito que preside un desfile procesional o una vigilia pascual. Estamos en la procesión, no en Cabaret.

Sea de vestido enterizo, de traje de chaqueta pantalón o de combinado, la elegancia y la discreción han de presidir la exhibición de la mantilla. Eso no quiere decir que la dama que la use no ponga todos los medios a su alcance -maquillaje, caminar elegante, apostura y fijación de su mirada- para dar una imagen arrebatadora e inolvidable pero nada de payasadas que para eso está el circo.