Reportaje · Semana Santa

La Virgen de las Lágrimas eclosiona la fe cristiana de Melilla

Fundamento del cartel de Semana Santa, obra de Andrés Domínguez Catalá

Publicada en MeliYa el 25 de febrero de 2006

Salvador Ramírez

La Semana Santa ha comenzado y lo ha hecho, según viene siendo tradición los últimos años, en la más noble de las estancias del Palacio de la Asamblea, su Salón Dorado. Se ha materializado el primer acto -que no auto- de fe, inmerso en días de Cuaresma, jornadas reflexión y preparación para compartir los sufrimientos de Jesús de Nazaret y celebrar su Resurrección.

La Agrupación de Cofradías de Semana Santa, que no para de trabajar a lo largo de 12 meses al año, establece un ritmo de acontecimientos que se ha convertido en liturgia -con minúsculas- para los cristianos melillenses.

El primer episodio de la sucesión de actos de fe que han desembocar en la Semana de Pasión es la presentación del cartel anunciador de las jornadas de hermandad cofrade y dolor cristiano y mariano. Es María, precisamente, entre claroscuros y ciriales, avanzando sola en contrita expresión de desgarro maternal, la elegida para dar a conocer a la Melilla católica.

Dolores Es la Virgen de los Dolores -La Virgen de las Lágrimas, siglo XVIII procedente de Alhucemas-, de Melilla la Vieja, generoso detalle del artista, que ha querido rendir homenaje a la cofradía más antigua de Melilla, herederos perpetuos de la advocación del Cristo de la Vera Cruz que, cuentan las crónicas, guiaba a los barcos de víveres de la Península en los más terribles momentos de hambruna vividos en una ciudad encorsetada de murallas.

Es obra, sabido fue en su momento, de un hombre de Semana Santa, Andrés Domínguez Catalá, regidor que fue de los hermanos de la Cofradía de la Castrense -cinco años al frente del Humillado-, que juega hábilmente con los contrastes del alfa y el omega de las policromías, el blanco y el negro.

Blanco es el encaje que sobresale del negro manto de María, negro es el fondo de penumbra vespertina, roto por la blancura inmaculada de la faz de la Madre de Jesucristo. Y los contrastes que llegan al ánimo cristiano -muerte y vida, desesperación y esperanza, abatimiento y júbilo- le han granjeado a Domínguez Catalá el grande honor de firmar la mejor tarjeta de presentación de la Semana Santa melillense 2006.

Verdugo Por boca de su presentador, Francisco Verdugo, hemos sabido que Andrés Domínguez combina una dupleta temática en su obra: la soledad de María camino del Gólgota y la unión de todos los hermanos cofrades con la inclusión en el cartel de los cinco escudos de las organizaciones melillenses.

El Salón Dorado se ha convertido en templo de fe gracias especialmente a la intervención, docta y comprometida, del vicario episcopal, Antonio Ramos Ayala. El sacerdote de Rute ha pedido cristianismo decidido no sólo en las procesiones sino a lo largo de todo el año. Bellísimas definiciones para los desfiles procesionales Semana Santa: “el misterio de la salvación” o “bella catequesis popular en la calle”.

“¿Espectáculo o acto de fe?”, se ha preguntado el vicario y zanja la cuestión: “no hay que perder de vista el sentido cristiano y el compromiso que tenemos con Dios y con su Iglesia”. Es decir hay que “vivir como hombres y mujeres de fe”.

Autoridades -presidente de la Ciudad Autónoma, delegado del Gobierno y comandante general-, hermanos mayores, la Agrupación de Cofradías han querido abrazar la llegada de la sublimación cristiana y felicitar a Andrés Domínguez Catala, sobriamente presentado por el hermano mayor y presidente de la Real Congregación y Hermandad Franciscana de la Santísima Virgen de la Victoria, Patrona Coronada de la Ciudad y Alcaldesa Perpetua de Melilla, Francisco Verdugo Escribano.

Capuchinos Verdugo ha recordado a la orden de los hermanos menores franciscanos capuchinos. Quiere el presentador que vuelvan a Melilla. Ha invocado a la Virgen de la Victoria y a ella se ha encomendado antes de proclamar firmemente que “tenemos que sentir en nosotros el dolor de Cordero inmolado, tenemos que sentir a Cristo que se inmola por la Humanidad”.

Se adoba de certeza el contenido del cartel porque la Congregación de la Victoria guarda celosamente su sede y devoción en el mismo santuario en el que vive la formidable Virgen de los Dolores, seña y santo del cartel anunciador. El cruce de advocaciones y sagrados titulares palpita entre los seculares muros de la Parroquia de la Purísima Concepción.

Y si de oportunidades y justicias ha de hablarse, la Banda de Música Ciudad de Melilla ha interpretado la trascendencia de los dos baluartes espirituales y humanos, en su divinidad, de la cristiandad: Jesús y María. Para la Madre del gran Revolucionario de los últimos veintiún siglos, los sones de Pasa la Soledad; para su Hijo, la pieza Nuestro Padre Jesús de la Flagelación.

Orquesta Salvador Rubio Salom ha dirigido, de nuevo, la agrupación musical con una seriedad impresionante, midiendo los tiempos y combinando, como es tradición, los tonos menores y mayores en las dos marchas procesionales pero hay que buscar una solución a la música y al respetable: un director no puede dirigir de espaldas a un público que le da, a su vez, la espalda. Doctores tiene la Iglesia.

Abril se otea en el horizonte. La semana comprendida entre los días 10 y 16 descargará en el corazón de los cristianos melillenses toda suerte de emociones. Acaso la puesta en escena -con su importancia- sea cuestión menor en comparación con la eclosión de la fe de las mujeres y hombres de buena voluntad.

Llegará el esperado pregón del sacerdote de Rute, representante del Obispado en Melilla, Antonio Ramos, y llegarán las vigilias hasta desembocar en las máximas expresiones de la fe cristiana. Comenzaba la crónica con la referencia al acto de fe, una fe que ha de ser, según el dogma cristiano, inmarchitable pero que, como las más bellas flores, precisa de aliento y mimo. La Agrupación de Cofradías ha invertido un importante caudal de cariño para la consolidación y progreso de la fe cristiana.