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Las Casas de Melilla encumbran con justicia a Pilar Muñoz, Melillense del año 2006, en la mágica velada del mejor melillismo

Juan José Imbroda apuesta por el Encuentro de Casas, ofrece financiación y quiere que Melilla sea sede permanente

Publicada en MeliYa el 8 de julio de 2006

Salvador Ramírez

Se entiende por épica la forma de contar -en verso o prosa- las hazañas de héroes o colectivos. No es el caso de recurrir a la épica pero algo de hazaña existe en la confluencia de melillismo que ha dejado el V Encuentro de Casas de Melilla celebrado en la ciudad. Un melillismo sincero, entregado y espontáneo cuyo máximo exponente pudo saborearse en la Cena de Gala celebrada en el Melilla Puerto el viernes noche.

Y la generosidad de los melillenses -así como la justicia de criterios- hizo que Pilar Muñoz -la entrañable señorita Pili- fuera la destinataria de tanto cariño acumulado. Ella, que ha paseado por la Península y el extranjero el arte de sus chicas, que no ha dejado de visitar las Casas de Melilla, es la Melillense del Año.

Casi medio millar de personas se han dado cita en el establecimiento hotelero de vanguardia. Juan José Imbroda, presidente de Melilla, y Ramón Vega, máximo responsable de la Federación de Casas de Melilla, han referenciado el encuentro de amistad y gastronomía.

Antes de nada, la nobleza del melillense. Antes de probar un bocado o templar un pasodoble, solidaridad con Valencia, solidaridad con la tragedia que azota a 42 familias que siguen llorando a sus seres queridos y perdidos. Las Casas de Melilla también han elevado una oración por las víctimas de Valencia.

Había que contemplar al presidente de la Casa de Melilla en Valencia, José Luis Caras, y a los suyos, emocionados, atribulados ante la demostración de amor de medio millar de seres humanos sensibles, compañeros en la tristeza.

Había sus más y sus menos a la hora de dilucidar a quién correspondería el galardón de Melillense del Año pero Juan José Imbroda dio una pista decisiva cuando, modificando el protocolo, invitó a Pilar Muñoz a tomar asiento y cena en la mesa presidencial.

Pilar, como siempre, regaló arte. Sus chicas interpretaron, mejor que nunca, sabedoras del homenaje que Pili iba a recibir minutos, el Ballet de las Cuatro Culturas. Pero no sólo de cuatro culturas vive el hombre sino que había una brillantísima coreografía, tan española como vanguardista, que deslumbró al respetable.

Y si de deslumbramientos hablamos, citemos a Rocío Calero, una cantaora-tonadillera de 11 años de edad, que llega a la ciudad de la Casa de Melilla en Málaga y que triunfa con una profesionalidad en el escenario y un caudal de voz modulada, asombrosos. Biseó porque la gente lo pidió y, en cada tema, elevó su calidad interpretativa. No va para estrella, es una estrella que le ha prometido a Imbroda que volverá a Melilla.

Cuadro de honor: todos los melillenses de afuera que han venido a su tierra y los de dentro que han querido estar con ellos. Y para representar a todos y rendirles el debido y sincero homenaje, ahí van sus presidentes: Javier Fadrique -Valladolid-, Manuel Ávila -Granada-, Antonio Domenech -Sevilla-, Rafael Vega -Barcelona y Federación Nacional- José Luis garcía -Toledo-, José Luis Caras -Valencia-, Lola Ruiz -Almería-, Pedro Cantón -Alicante- y José González, presidente de los melillenses malagueños.

Hubo recuerdos para todos, homenaje a Antonio Vaqué, ex-secretario de la Federación Nacional y emblemático embajador de su patria chica en tierras valencianas y donde haga falta. Y hubo palabras: las institucionales y sentidas de Ramón y las improvisadas y comprometidas del presidente autonómico, Juan José Imbroda.

El presidente de Melilla ya ha dispuesto que, cada año, se pague a la Federación Nacional de las Casas de Melilla 30.000 euros, para organizar el Encuentro pero Imbroda quiere más. Sabe que Toledo acogerá a los melillenses de afuera en 2007 pero se fija un objetivo: “quiero que las Casas de Melilla se reúnan todos los años aquí, porque nos gusta estar con vosotros, aquí nos tenéis”.

El himno de Melilla sonó, acaso, mejor que nunca, en la noche del Melilla Puerto, respetuosamente celebrado por los presentes. Y, tras el orden del día de una ceremonia ejemplarmente conducida por Pepe Oña y María José R. Berenguer, fiesta por todo lo alto y hasta altas horas de la madrugada. La noche eterna que firmaron los mejores embajadores de Melilla, los socios de las Casas de Melilla. Qué suerte ser melillense.