Local · Música

López Sandoval, con una dirección exigente, elegante y agradecida, hace grande al mal llamado género chico

El nuevo director de Banda y Orquesta debuta en el Templete ofreciendo una cuidada y difícil selección de Zarzuela Española

Publicada en MeliYa el 6 de julio de 2006

Salvador Ramírez

José Juan López Sandoval, profesor de Dirección de Orquesta del Conservatorio Superior de Málaga ha debutado con la Banda de Música Ciudad de Melilla con acierto, aplomo y buen gusto ofreciendo un Homenaje a la Zarzuela en el Templete del Parque Hernández.

Y lo ha hecho con muy pocas concesiones a la galería, seleccionando un repertorio cargado de arte con sólo dos guiños a las piezas más populares del mal llamado género chico, La Leyenda del Beso y El Tambor de Granaderos.

El resto, composiciones de difícil interpretación, resueltas con elegancia y escrupulosidad -no exenta de exigencia a sus profesores- del hombre de la batuta.

El Templete no es sitio para inmejorables sinfonías porque ni los niños respetan la audición ni algunos mayores entienden que cuando los músicos tocan, la gente de alrededor tiene que callarse. Pero, comentaba un insigne melómano, “peor sería quedarnos sin música en el Parque”. Vaya que sí.

Un buen número de melillenses -de aquí y de las Casas Regionales- se dio cita en la instalación ajardinada. Unos para evocar tiempos pasados y los de aquí para comprobar la solvencia del nuevo responsable de Banda y Orquesta Sinfónica.

López Sandoval es un director elegante, puntilloso, exigente y agradecido. Da la entrada puntualmente a cada línea, metal, viento, percusión. Está pendiente del compás general y de la interpretación de los solistas. No duda en recriminar con amabilidad una salida de tono o una estridencia imprevista, como tampoco tiembla a la hora de agradecer una intervención eficaz.

Cuenta Melilla con un director de carácter que evoca la figura de Octavio Caleya, pero con un virtuosismo acrecentado que ha de conducirle a dirigir momentos inolvidables para la música de banda y orquesta en la ciudad.

Resolvió con indudables garantías el repertorio y regaló un bis, un pasodoble que, permítasenos opinarlo, director, hay que ensayar un poco más. La intención, quede claro, fue loable y acreditativa de las buenas intenciones del joven pero acrisolado nuevo director.

La tarde musical fue entrañable porque las impagables mujeres del Voluntariado de Atención al Mayor se plantaron en el Parque con los abuelos, que disfrutaron de lo lindo con los acordes de la Banda de Música.

Simi Chocrón, consejera de Cultura, no quiso perderse el debú de José Juan López Sandoval y pudo comprobar que la convocatoria de la Ciudad Autónoma fue asumida por tantos melillenses como butacas de patio había cerca del templete.

Buena e indesmayable labor -que todo hay que contarlo- la de los vigilantes jurados con destino en el Parque Hernández. Lo que no hicieron los papás lo hicieron los trabajadores, invitar a la chiquillería a no invadir las parcelas de la música. En este caso no se cumplió el refrán, la música no amansa a determinadas 'fieras', dicho sea con todo el cariño, oiga.