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Los perros y educadores de IAE reciben la bendición de manos del párroco de María Micaela
De esta manera, el párroco ha justificado, por este servicio, el obligado amor al género animal por parte de los seres humanos
Publicada en MeliYa el 30 de septiembre de 2006
El párroco de Santa María Micaela, José María Orozco, ha oficiado la ceremonia de bendición de los perros y educadores de Intervención, Ayuda y Emergencia (IAE) en los jardines de la parroquia del Barrio de la Victoria.
Pepe Orozco ha basado su intervención en la liturgia oficial de bendición de animales que marca la Iglesia pero ha personalizado, con enriquecedoras aportaciones propias, el acto de amor cristiano a estas criaturas que están especialmente entrenadas para localizar y salvar vidas humanas.
El párroco de María Micaela ha justificado, por este servicio, el obligado amor al género animal por parte de los seres humanos. Ha recordado citas bíblicas, como el Diluvio Universal y Noé acompañado por una pareja de cada animal de la Creación o cómo una ballena salvó la vida de Jonás.
Cuando hablamos de Jesucristo lo hacemos en términos de “cordero de Dios” y los clérigos no son sino pastores de la Iglesia. Queda claro el respeto y la devoción de los cristianos al género animal, máxime cuando estos perros de IAE son capaces de perder su propia vida para salvar la de un ser humano.
Orozco, en sus concesiones a la oficialidad del acto de bendición, dio opción a los voluntarios de IAE para que leyesen un pequeño cuento de Paulo Coelho y así se hizo, como complemento literario e idóneo al acontecimiento cristiano.
El cuento de Coelho
Es la historia de un hombre que caminaba con su perro y su caballo por una carretera cuando un rayo les fulminó y murieron, pero como los muertos no reaccionan al instante, siguieron caretera arriba hasta llegar a un portal de mármol y adoquines de oro.
Allí, el hombre preguntó qué lugar era ese y el portero le dijo que era el Cielo. Pidió agua y el guardián dijo que el ser humano sí que podía beber pero no así los animales, el hombre dijo que tenían sed los tres y no sólo él. Dio la media vuelta y se largó del portal de mármol.
Luego llegaron a otra casa, esta muy vieja, con un aldeano medio dormido tocado con un sombrero de paja. El hombre pidió agua para él y sus animales y el aldeano les dijo que pasaran y bebieran todos a discreción.
Saciados, el hombre preguntó qué lugar era este en el que permitían beber a humanos y animales y el aldeano del gorro de paja le contestó que el Cielo. “No puede ser, porque el guardián del portal de mármol me ha dicho que aquello era el Cielo”, espetó el dueño del perro y el caballo.
Cuando el aldeano le dijo que lo del mármol era el Infierno, el hombre le dijo que debería prohibir que utilizaran el nombre del Cielo, el lugar donde él y sus animales bebieron hasta hartarse. Y el aldeano, posiblemente San Pedro, contestó: “en realidad nos hacen un gran favor porque allí, en el Infierno, se quedan todos los que son capaces de abandonar a sus mejores amigos”.
Intervención, Ayuda y Emergencia de Melilla se une a Paulo Coelho y a Pepe Orozco en términos como los siguientes: “jamás abandones a tus verdaderos amigos porque hacer un amigo es una gracia; tener un amigo es un don; conservar un amigo es una virtud y ser tu amigo es un honor”.