Local · Reyes Magos

Melilla vibró con una Cabalgata de Reyes Magos que deslumbró a más de 10.000 melillenses

Carmina San Martín y su equipo triunfan en organización, participación y eficacia en la Noche de la Ilusión

Publicada en MeliYa el 6 de enero de 2006

Salvador Ramírez

Rindámonos plácidamente a la evidencia: la Cabalgata de Reyes Magos 2006 ha sido un éxito incontestable en lo organizativo, en lo participativo y hasta en lo artístico. La medalla va directamente a la solapa de Carmina San Martín, viceconsejera de Festejos, que habrá que repartirla con muchos colaboradores pero, sobre todo, con Gregorio y Diego.

Festejos ofreció a los melillenses un alarde de eficacia en la Noche de Reyes porque se dieron común cita todos los factores necesarios para que una empresa que moviliza a casi un millar de trabajadores y colaboradores, y otros diez millares de espectadores funcione como un reloj y no haya un fallo que reseñar.

Constatado el éxito, Melilla ha sido testigo de la mejor Cabalgata de Reyes de los últimos tiempos aunque, antes de detallar sus contenidos, es preciso subrayar el esfuerzo de dos colectivos. Más de un centenar de policías, locales y nacionales, uniformados y de paisano, garantizaron en todo momento, antes, durante y después, la placidez y el orden de la noche de las ilusiones.

Segundo subrayado: los servicios de limpieza. Cualquiera que siguiera el devenir del egregio desfile pudo comprobar cómo minutos después del paso de los servicios sanitarios cerrando la cohorte, Melilla quedaba tan limpia o más que antes de la Cabalgata. Eso es tesón y sacrificio.

La empresa que aporta la 'carrocería' a la Ciudad Autónoma ha dado en el clavo por el número de unidades, su ambientación lógicamente infantil y el acabado artístico, hasta el punto que resulta difícil decidir cuál fue la mejor: ¿dálmatas, picapiedras, castillo de Blancanieves, el tren del carbón, la ilusión selvática, asterix, papá noel, o incluso las de transporte de Sus Majestades?. No será el cronista quien emita veredicto.

Doce unidades perfectamente dirigidas por las asociaciones que participaron, especialmente las controladas -la mayoría- por Feaveme, y perfectamente custodiadas por los efectivos policiales, evitando el más mínimo desmán.

Carmina San Martín destacaba la participación de tres bandas de cornetas y tambores. Hizo bien al señalarlas porque cumplieron, especialmente el animoso grupo de alumnos de la Escuela de Música que no se quedaron en banda tamborilera sino que debutaron con éxito en el mundo de la fanfarria levantina, muy al estilo de la Banda del Empastre, aquella del director loco. Su versión de 'La Tortura' fue reclamada insistentemente por los melillenses.

Los fichajes de Mamá Liturki y Festival respondieron a las expectativas de Festejos. En el primero de los casos puede observarse esa nueva cultura mediterránea llena de misticismo e incluso mitologismo con una puesta en escena deslumbrante, coreografía incluida.

Festival, animoso, versión postmoderna de los gigantes y cabezudos de toda la vida, con concesiones a figuras como Caperucita y Don Quijote de la Mancha y su fiel Sancho, pusieron la nota de color, ritmo y novela propia del acontecimiento. Ambas agrupaciones artísticas desfilaron con sus unidades móviles de musicalización, para que luego digan que las tradiciones están reñidas con el avance de la técnica.

Y los melillenses: dos facetas, la participación y la ilusión. Que en una aglomeración de más de la decena de millar de almas no se registren incidentes dignos de mención dice mucho de la ciudadanía. Diría el cronista que Melilla vivió con sana alegría lo que ocurría por sus calles. A veces el espectáculo no responde a las expectativas, ocurre hasta en las mejores familias, pero la Noche de Reyes ilusionó y por ello los espectadores demostraron su alto grado de disfrute.

Luego, cada mochuelo a su olivo, con unos semblantes que avalaban incesantemente el desarrollo de los hechos, unos hechos que serán recordados como la Cabalgata de Reyes Magos que impresionó a los melillenses allá por enero de 2006.