Reportaje · Semana Santa
¿Por qué Dios sufrió y se dejó matar como un hombre?
Pórtico de gala para la Semana Santa en Solera Flamenca con Francisco Javier Calderón
Publicada en MeliYa el 24 de marzo de 2006
El hermano mayor de la Cofradía de la Soledad y el Cristo de la Paz, Francisco Javier Calderón Carrillo, se ha encargado de abrir el gran debate de fe, testimonios y devoción popular que puntualmente requiere la fase de preparación para conmemorar la Muerte y Resurrección de Jesús de Nazaret.
Calderón ha propuesto en la sede de Solera Flamenca, la confluencia de tres fuerzas centrípetas que eclosionan en la primavera cristiana: la historia, a través de evangelistas, santos y encíclicas papales, sus sentimientos y emociones particulares y la representación religiosa de los últimos días de Cristo por las calles melillenses, a través de las cinco Cofradías de la ciudad.
'Dios y hombre verdadero', explícito dintel de la exposición de Calderón, propone un análisis del sufrimiento del ser humano que, a su vez, es Hijo de Dios. San Agustín, Juan Pablo II, los evangelistas coinciden en sus asertos: Jesús sufre por unos pecados que no son suyos, sin perder su devoción y sentido al sacrificio, acepta voluntariamente, por nosotros, por amor, un terrible caudal de sufrimientos.
Afirma el hermano mayor cofrade que el sufrimiento del Hijo de María fue “inasequible a la fatiga”. Sus compañeros de viaje y calvario sólo fueron el hambre y la sed. ¿Cómo era física, humanamente Jesús?.Una respetuosa licencia a la campechanía por parte de Calderón: “debió ser un, como decimos ahora, cachas”.
Es probable que Jesús fuera algo así como “el hombre 10, el hombre perfecto”. Las pruebas a las que sometido son propias de un hombre fuerte: quien habría de morir con dolor por la rendención de todos, no evitó sufrimiento alguno. Se sometió a dos juicios sumarísimos, recorrió casi cinco kilómetros manando sangre, fue flagelado, humillado.
Francisco Javier Calderón cita a Pierre Barbet, del Hospital Universitario de París, analista de la Sábana Santa, y constata que Jesús sufrió escoriaciones, lesiones en su espalda, fue clavado de las muñecas y recibió, ya en la cruz, una lanzada en su costado derecho que bien pudo producirle la muerte antes de lo que se piensa.
Antonio Gutiérrez Molina, que excusó su ausencia porque andaba el hombre dándole la guerra a la directora general de Instituciones Penitenciarias en el Congreso de los Diputados, pronunció el pasado año una brillante conferencia sobre los aspectos médicos de la muerte de Jesús de Nazaret que observan concluyentes puntos de encuentro con la disertación de Calderón. El dolor, el sufrimiento fue inimaginable, la angustia, enorme.
Es en este tránsito de las palabras del hermano mayor de la Soledad cuando la tercera fuerza centrípeta, la escenificación del sufrimiento del Hombre Verdadero, aflora en sus palabras porque Calderón relaciona los momentos del dolor con la antigua Oración en el Huerto, parroquia de San Agustín, la Sentencia, Cofradía del Nazareno, Jesús Flagelado, Cofradía de Cabrerizas, Jesús Humillado, Cofradía de la Castrense.
Los últimos momentos del Hijo que Dios que también recorre Melilla en los Sagrados Titulares del Nazareno, del Cristo del Socorro, del Cristo de la Paz. Es el recorrido que evoca la destrucción del Hijo del Carpintero. La Pascua, “Gloria del Sufrimiento”, acaba con la Resurrección del Verdadero Dios y su encuentro con su Madre, en la advocación de María Santísima del Rocío, en la plaza de España de Melilla.
¿Por qué sufrió tanto ese 'Dios y hombre verdadero?. Las palabras de Francisco Javier Calderón Carrillo, subrayadas con un sincero y caluroso aplauso por las gentes cofrades y flamencas en Solera, dieron paso a un breve turno de intervenciones y apareció quien, a la postre, habría de desvelar el misterio del sufrimiento del Hombre Verdadero, el arcipreste de la Vicaría, Manuel Jiménez.
El sacerdote, agradeciendo que seglares como Calderón hablen a los curas del Amor de Dios, “es muy conveniente, nos sirve de mucho”, sabe lo que es entregarse por la causa, seguir a Dios y renunciar a lo terrenal.
Manuel Jiménez es sacerdote y licenciado e Ciencias Económicas y Empresariales, tenía un venturoso porvenir material como empleado de una institución bancaria malagueña, tenía novia, era joven...Dios le llamó y decidió renunciar a todo lo anterior. Él sí es muy capaz de justificar la asunción del desmedido sufrimiento de Jesús: “Jesús aguantó el sufrimiento por su gran fuerza espiritual”.
Y entonces entendimos mejor lo que Francisco Javier Calderón nos propuso en 'Dios y Hombre Verdadero'. Jesús, hombre verdadero para experimentar el sufrimiento, Jesús Dios verdadero para asumirlo y renunciar a todo, la fuerza del Espíritu.