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Un día de auténtico verano recibe a los melillenses en el Cementerio de la Purísima Concepción
El camposanto melillense mejora en sus servicios técnicos y evidencia un mantenimiento de calidad por parte de los servicios operativos
Publicada en MeliYa el 1 de noviembre de 2006
Como cada primero de noviembre, el Cementerio de la Purísima Concepción ha sido la cita obligada de los cristianos melillenses para recordar a sus seres desaparecidos.
Desde hace algunas jornadas, familias enteras han visitado el campo santo para limpiar las tumbas y proceder a pequeños arreglos de las mismas.
El Día de Todos los Santos de Melilla es, en 2006, un día absolutamente veraniego con temperaturas que han oscilado entre los 21 grados de las 08.00 de la mañana hasta los 27 del mediodía.
Los servicios operativos de la Ciudad Autónoma se han esmerado, como todos los años, en tener a punto la instalación e incluso ofrecer nuevos servicios como el funcionamiento del ascensor y mejora de la escalera de acceso a los patios superiores.
Es día de anécdotas porque, pongamos por caso, las flores frescas suben de precio hasta alcanzar cifras que pueden considerarse astronómicas el resto del año. Por término medio suben un 40 por ciento respecto a la tarifa normal de manera que el ramo de claveles puede costar hasta 20 euros y 40 una docena de rosas rojas.
Es, también, día de gastronomía porque algunas pastelerías melillenses han sacado sus correspondientes hornadas de huesos de santo, vendidos en su totalidad en las tres primeras horas de la mañana.
En lo institucional, mañana, 2 de noviembre, Día de los Fieles Difuntos, la Ciudad Autónoma honra el recuerdo de ediles melillenses desaparecidos, la más reciente Neus Casas, concejal y diputada del PSME-PSOE.
La Comandancia General, por su parte, hace lo propio evocando a todos los miembros de las Fuerzas Armadas que dieron su vida por España en las diferentes campañas, enterrados en los panteones de la Purísima Concepción.
Orígenes ¿Cuál es el origen de esta festividad, en principio católica?. Para algunos el creador de la fiesta de "Todos los Santos" fue Alcuino de York, en el siglo VIII. Es en el año 798 cuando Alcuino escribe y felicita al arzobispo de Salzburgo por fijar esta festividad dentro de las calendas romanas de noviembre, tal y como él le sugirió.
Pero para otros, entre ellos la propia Iglesia católica, creen que nace en la decisión del Papa Bonifacio IV que el 13 de Mayo del 609 o 610, consagró el "Panteón de Agripa" al culto de la "Virgen y los mártires", comenzando así una fiesta para conmemorar a esos santos anónimos, desconocidos por la mayoría de la cristiandad, pero que por su fe y obras, son dignos de reconocimiento y veneración por toda la humanidad.
Es el Papa Gregorio III (731-741) el que cambia la fecha del 13 de mayo a la del 1º de noviembre. Pero, ¿por qué este cambio?. La respuesta la tenemos en la conversión al cristianismo de los pueblos de tradición pagana. Ellos se negaban a abandonar sus raíces y fiestas.
Los dirigentes católicos pensaron que instaurando fiestas nuevas, que coincidieran en fecha y de similar apariencia doctrinal, con las antiguas o propias de estos pueblos, les sería más fácil a estos nuevos creyentes ir abandonando sus antiguas creencias, sin que esto supusiera desechar su cultura e identidad.
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