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Evitó el ataque de las cábilas cercanas
Abdelkrim El Hatabi tuvo a Melilla a tiro de fusil pero optó por no ocupar la ciudad
Reproducimos la entrevista concedida a Luis Oteyza en agosto de 1922
Publicada en MeliYa el 21 de marzo de 2007
InfoMelilla.com
Por su indudable interés histórico, InfoMeliya.com reproduce la entrevista que realizó Luis Oteyza, director del periódico 'La Libertad' a Abdelkrim El Hatabi, un año después del Desastre de Anual y tres antes de ser derrotado en el Desembarco de Alhucemas.
En agosto de 1922, cientos de soldados españoles eran prisioneros del líder rifeño y Luis Oteyza, jugándose la vida, consiguió hablar con Abdelkrim El Hatabi quien, al final de la entrevista, confiesa que no tomó Melilla porque no quiso.
'El afán por su independencia es lo único que mueve a los rifeños en su lucha contra España, a la que acusan de haber ocupado el país militarmente y de humillarlos. Eso es, al menos, lo que declara Abdelkrim en esta entrevista.
Beni Urriaguel, 8 de agosto de 1.922 para La Libertad, de Luis Oteyza.
-Nosotros no queremos la guerra -dice Abdelkrim- pero estamos dispuestos a defender nuestro honor, es decir, nuestra independencia, porque yo juzgo que la independencia es el honor de los pueblos, mientras sea precisa...
-Entonces, sidi,¿estás dispuesto a aceptar la amistad y la paz con España?.
-Siempre que no haya cosa que se relacione con ningún lazo de yugo.
-Pero el problema no es una denominación y..
-El Protectorado es un nombre que se ha dado al modo de avasallar nuestros derechos. En tu Gobierno no tiene la palabra otro sentido.
-Es decir, ¿que sólo por vuestro deseo de independencia lucháis contra nosotros?.
-Quisiéramos que no hubiese guerra. El Rif no odia al pueblo español y no le hubiese odiado nunca si no fuera por la invasión militar. Hubo odio porque El Rif vio en el militar al español, pero ya comprende que no es así. Ahí está la cosa.
-Y en tí, ¿no hay nada contra los españoles?
-Personalmente ¿yo?, nada. No hay nada más que esto: que los militares que están encargados de gobernar no son capaces de hacerlo y abusan mucho de la dignidad. Nos hemos convencido y no hemos podido admitir esto.
-¿Y, particularmente, con Silvestre?.
-A Silvestre le conocí en Melilla hace muchos años, cuando no era más que comandante y fue muy amigo mío (...) Tratamos de convencer a los encargados del Gobierno. Les escribimos a Madrid. No nos contestaron. ¡Se reían de nosotros!.
-Y entonces rompiste con España...
-No; la determinación la tomó mi padre. El nos mandó, a mi hermano venirse de Madrid y a mí de Melilla. Yo le obedecí...
-Queda el asunto de los prisioneros. Es lo que más interesa al pueblo español y en lo que más desorientados estamos. ¿Pueden rescatarse?.
-Pueden, pero que vengan a tratar en serio ....
-Sí, mas hay algo en las condiciones que impones que es injusto. Pides la libertad de todos los rifeños presos.
-Claro
-No tan claro, sidi. Hay ladrones y asesinos juzgados y condenados. ¿Esos también se han de libertar?, ¡son criminales!.
-Más criminales son los aviadores que matan mujeres y niños. A los aviadores que hemos cogido también les hemos formado causa y los hemos condenado. Si los españoles os quedáis con los que habéis condenado, nosotros nos quedaremos con éstos. Yo creo, sin embargo, aunque esto no debiera decirlo, que a España no le conviene una guerra que no tendrá fin. Y, cuando menos lo espere, vendrá otro desastre. Le hubiera convenido una alianza.
-¿Tú crees, sidi, en esta posibilidad después de lo que ha pasado?.
-¡Ya lo creo!. Si no ha pasado nada, ésto es siempre igual...
-Os causaría una gran sorpresa, al atacar Anual, que todas las demás posiciones se desplomasen también.
-¿Pero cree usted éso?, ¿hay alguien en España que crea éso?.
-¿El qué?
-Que el levantamiento de las cábilas no estaba preparado.
-Estaba, pues, preparado el alzamiento.
-Desde abril. Y crea usted que no nos costó gran trabajo hacerlo.
-Comprendo lo de que no se lleve nuestra denominación con gusto pero la deslealtad de los que se brindan a servirnos...¡qué no hubiese uno que avisara de lo que se preparaba!.
-¿Avisar?, bastante se avisó.
Pajarito, un asistente de Abdelkrim confirma diciendo: “Fui yo mismo. Yo mismo hablé a Silvestre?.
-¿Y no te tiró Silvestre por la ventana?
-(Contesta Pajarito). Faltó poco. Me dijo que España tenía poder para ir donde le diera la gana, sin mirar quién se ponía delante, que él estaba dispuesto a entrar en Beni Urriaguel aunque se opusieran todos los Abdelkrim del mundo y que prefería llegar por la fuerza mejor que templando gaitas.
-El decidirse a proceder sobre Anual se debió principalmente al deseo de coger a Silvestre, inquiero.
-(Contesta Abdelkrim) ¡Oh, claro!.
-Según eso, ¿se le odiaba mucho?.
-(Responde Pajarito). No se le odiaba. La culpa no la tenía él. Era su rivalidad con Berenguer lo que le había vuelto loco. Ya lo sabíamos. Y también que le empujaban desde Madrid.
-¿Y Melilla?. ¿Cómo no entraron los moros en Melilla?.
-Ya vio usted que no pasó nada; que no se asaltó Melilla aunque estuvo indefensa durante tres días.
-Y esto ¿lo sabían ustedes?
-Tan lo sabíamos que tuvimos que trabajar mucho. Nosotros no queríamos pasar de la línea del Kert y establecer allí frontera. Pero al ver que las cabilas sometidas se excedían en acometividad y furia, temimos que asaltasen Melilla. Hubiera sido horrible, la humanidad entera se hubiera horrorizado ante un saqueo así, con los incendios, las violaciones y los asesinatos consiguientes. Mi hermano lo comprendió y envió a éste (el Pajarito) con tras caídes y 600 hombres para evitarlo. En el Gurugú estuvieron protegiendo una semana a Melilla, hasta que Berenguer estableció la línea defensiva (...). No cuente usted esto si no quiere -dice Abdelkrim a Oteyza-, además no tiene ningún mérito. Aspirábamos ya, como aspiramos ahora, a que se nos considere un pueblo digno y no una tribu de salvajes. Por eso quisimos evitar ese acto que se consideraría feroz en todo el mundo.
-Ha habido, sin embargo, actos de verdadera ferocidad.
-¿Y en qué guerra no hubo?. Las naciones más cultas de Europa han luchado recientemente y ya se vio (...). No hay que disgustarse pensando en lo pasado. Lo pasado pasó. Y el porvenir que ha de llegar puede ser más dichoso.