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Carlos Benet: "Quiero a Melilla más que a mi vida"
Entrevista con quien fue el senador más joven del país y se mantiene en la Cámara Alta desde 1.986
Publicada en MeliYa el 17 de febrero de 2007
Es un personaje casi épico, de leyenda. Es el parlamentario melillense por antonomasia. En Madrid, el Senado se rinde a sus pies porque con 51 años es uno de los senadores más antiguos del Reino. Me invitó a comer hace casi 20 años en El Senador. Le hice un trabajo para Melilla Hoy, almorzamos buey, riquísimo. Charlamos con el entrañable y desaparecido senador Carlos Barral, una auténtica excelencia y no sólo por cargo.
Luego vendrían los alardes propios de Carlos Benet: los días transcurridos como pobre en pleno Madrid o el ofrecimiento de un gorro moruno al Gobierno socialista. El parlamentario tiene un estilo propio e, idearios al margen, es muy querido en el Madrid de los Austrias. Desde 1.986 no se cansa de ganar elecciones generales-otros no pueden decir lo mismo- un monstruo, permítaseme la expresión.
-A usted le toca la lotería y se hace senador y, desde entonces ¡viva España!, ¿no? -No me ha tocado la lotería, he ganado unas cuantas elecciones pero lo de viva España, por supuesto, siempre, no le quepa la menor duda.
-Fue usted el senador más joven de España. ¿Qué siente aquel joven Carlos Benet cuando entra por primera vez en la Cámara Alta?. -Profundo respeto. Se me vienen dos problemas encima: ser un buen senador y representar adecuadamente a mi tierra querida. Recuerdo haber temblado de emoción en aquellos días pero mereció la pena, encontré mi parnaso.
-Siempre con el Partido Popular. Usted cree poco en el transfuguismo. -No creo nada. Uno tiene sus ideas y no hay por qué traicionarlas. Tengo raíces democristianas, fui militante de Unión del Centro Democrático y, desde siempre, el PP ha estado muy cerca de la democracia cristiana.
-Se le ha conocido como el 'enfant terrible' del PP de Melilla. ¿Tanto por saco ha dado usted?. -Vamos a ver. La disciplina que observo con el PP es algo incuestionable. De otra manera no seguiría en la Cámara Alta. Lo que pasa es que tengo una personalidad acentuada a la que no pienso renunciar, ya va a ser tarde para cambiar.
-Comenzó a fajarse en política hace cuarto de siglo. ¿Cómo ha evolucionado Melilla desde entonces? -Melilla ha crecido pero no ha sido fácil. Hemos padecido períodos convulsos en la política municipal. Mire es mi partido pero voy a tratar de ser todo lo objetivo que sea: desde que gobierna el PP, con Imbroda en la Presidencia, cualquiera puede ver la diferencia. Melilla es más moderna, más amable, más ciudad. La evolución ha sido positiva, no le queda duda y me siento orgulloso de la aportación que el PP pueda haber realizado.
-Es usted inasequible al desaliento porque ha llegado a conseguir plaza de senador en unas elecciones que ganó el PSOE. -Pues sí. Digamos que les fastidié un poco la fiesta pero yo no tengo la culpa de contar con unos votantes fieles e incodicionales. Digo las cosas con claridad, a mí me entiende todo el mundo y quizá por eso muchos melillenses no tienen dudas a la hora de prestarme su confianza.
-¿Ve final a su vida política? -Usted me ha calificado en más de una ocasión de animal político, no sé si agradecérselo. Pero, vaya, no sé cuándo va a ocurrir ese final. Jamás me iré de la política, soy persona de compromisos y, sea cual sea mi papel institucional, estaré al servicio de la política y de los melillenses.
-Yo lo que quiero saber es si va a volver a presentarse a las elecciones. -Pues haberlo preguntado antes. Si de mí dependiera, por supuesto que sí. Me gusta ser senador, soy presidente de la Comisión de Peticiones del Senado con el apoyo unánime de todos los grupos políticos. Me muevo en la Cámara Alta como pez en el agua y defiendo los intereses de Melilla. Quiero a mi tierra más que a la vida y me postulo para seguir representándola en el Estado.
-Termino. Se le llena la boca cuando pronuncia aquello de 'senador del Reino de España'. -¿Y por qué no se me va a llenar?. Soy senador electo de un gran Reino, España. Soy melillense y, por tanto, español por los cuatro costados. Mi país es grande y mi cargo, un honor, por eso cada vez que digo que soy senador del Reino de España me siento reconfortado y, además, creo que no soy el único en sentirme feliz.