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Tercera edición del Mercado Medieval
De cómo llegaron mercaderías e saltimbanquis e druidas a la muy noble cibdad e villa de Melilla La Vieja
Hallábanse los cibdadanos de la muy ilustre villa ultramarina de Melilla en calma e dedicados a la cotidiana labor cuando irrumpe la caravana de mercaderías e fogos e animales de presa.
Publicada en InfoMelilla el 30 de junio de 2007
Salvador Ramírez y Agustín García
Melilla vuelve a ser una ciudad medieval. La tercera edición del Mercado Medieval que organiza la Fundación Melilla Ciudad Moumental, presidida por José Vallés, ya es un éxito porque más de 15.000 melillenses se dieron cita en Melilla la Vieja para celebrar la llegada de los mercaderes, espadachines y saltimbanquis. Infomelilla.com también quiere ser medieval, por ello redacta una crónica en claves del medievo. No se aburran, lo hacemos de todo corazón.
Hallábanse los cibdadanos de la muy ilustre villa ultramarina de Melilla en calma e dedicados a la cotidiana labor cuando irrumpe la caravana de mercaderías e fogos e animales de presa. E los ilustres cruxados cabalgaron por vías e calles, e tentaron suertes, e se batieron en digna lid complaciendo mucho a la villanía que desfrutó de sus andanzas.
El Mercado arriba a la muy noble cibdad e su comendador, maese Juan José de Imbroda, les recibe e corta paños de honor para que los mercaderes poedan realizar su menester e que los cibdadanos compren especias e gocen de las alharacas que portan rufianes e haraganes, mas que fermosa resulta la aventura de druidas e gentes de ventura e azar.
Dirigíme a la muralla de poniente en formidable compaña. Mucho honor de comparecer con doña Josefa de Berenguer, dueña de mis alientos, e de Salva, señor edónico e muy letrado en historias, e de Raquel del linaje de los Fernández de Tejada, muy maravillosa doncella, e de Rayo de los Gonxáles, espléndido juglar e timbalero simpar en los cuatro confines.
Izamos cuerpos hasta la plaxa de Doña Adriana, singular muxer de hígados cuaxados e generosidad muy bien mirada. Allá sentamos en apacibles bancadas para engullir queso de mantecas e chorixos fabulosos mientras yantamos con sidriña de los nortes de España e licor de cebada gaseada.
E luego llegaron a este paraje los servidores del comendador que bien yantaron, cierto, e disfrutaron de cantigas e bailes saltimbaquineros que trayeron los mercaderes medievales. E una grande y muy gorda sierpe verduzca asustáranos como a infantes u donceles e salgáramos endemoniados pediendo a Nuestro Señor amparo en la Gloria antes que martirio de serpientes o figas.
Mas habrá que colegir, entenderéis vuesas mercedes, que el Mercado Medieval es grande invento o fabulación de las huestes del comendador, e que lo de la sierpe resulta terrible suceso mas no ha de impedir nueva visita al formidable castello que elevara, ha poco tiempo hebdomario, don Pedro de Estopiñán.
Así que reclamo e ordeno a doña Josefa de Berenguer que se avíe con grandemente elegante atuendo e vuelva a prestar escolta a este humilde villano para nueva visita a mercaderes. Yantárame en muy gran medida e quiero engullir cierto pan de campo que atisbé mas no probé ayer.
Que Dios nueso Señor bendíganos e que líbrenos de sierpes y trapaces, mas que non finalice semejante ventura mercader, que holgamos con puestos e tenderetes, que el alma ríe de contento con tanto birlibirloque. Sean benvenidos caballeros e villanos, síganos acompañando tan bella holganza.