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Recital cocinero de Agustín Chacón
De cómo una partida de colegas se da un festival de caldero en el Olivar de los Weil
La sociedad invertebrada también existe
Publicada en MeliYa el 25 de junio de 2007
Salvador Ramirez y Agustin Garcia
Es cuestión de organización. Uno pone el oficio de cocinero -aunque sea aficionado- y otros las ganas de comer. Resultado: todo un festival para los sentidos, todo un banquete y, además, en un paraje medioambiental y privilegiado.
Esta es una de las noticias que no se encuentran en los despachos, o en la Ciudad Autónoma, o en las ruedas de prensa, pero no deja de ser una noticia: un grupo de amigos melillenses, sin razones de peso, sin celebraciones, decide pegarse un festín a base de caldero.
Agustín Chacón es hombre de buen paladar, es tío de fogones que cultiva la buena gastronomía. Sabe preparar cantidad de platos pero lo suyo es el caldero de carne con poco misterio: un tomate, una cebolla, chicha -carne- e imaginación.
Pues Agustín se agarró del brazo de sus amigos un día cualquiera y la pandilla se plantó en el Olivar de los Weil, gentileza de los propietarios, para, entre seis o siete compadres, dar buena cuenta de la magistral obra de Chacón.
Vino en cantidubi, cervezas a granel, entrantes, buen humor, ganas de comer y camaradería, amistad, buen rollo.
Es un motivo sano de envidia saber que las peñas invertebradas de melillenses también saber darse un homenaje como Dios manda.