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Un entrañable ser humano

Diego Martínez, el amigo que todos queremos tener, en el momento de su jubilación

Jefe de mantenimiento de la Delegación del Gobierno

Publicada en MeliYa el 5 de mayo de 2007

Salvador Rámírez

Diego se ha jubilado. El jefe de mantenimiento de la Delegación del Gobierno, Diego Martínez García, se ha despedido de sus amigos y compañeros de trabajo con alegría y felicidad, la misma que se merece después de una vida laboral de éxitos y momentos inolvidables.

Nuestro protagonista es un melillense de humilde extracción que ha sabido ganarse el cariño de sus compañeros a base de tesón y honradez. Ya de muy joven aterrizó por El Telegrama de Melilla como ayudante de taller.

Diego sabe muy bien qué es una linotipia, qué son los caracteres a plomo, qué significa no poder ir a casa hasta las siete de la mañana con las manos llenas de grasa y todo ello por un mal plato de lentejas.

El señor Martínez García está felizmente casado con Dioni y tiene dos hijos de importancia, Diego y María Eugenia, que han heredado las mejores virtudes de sus progenitores: trabajadores, honrados, amigos, serios e incansables.

José Fernández Chacón ha presidido el almuerzo de despedida a Diego, un encuentro lleno de recuerdos imborrables. Cuando el mítico periódico dependiente del Estado cerró sus puertas, Diego aterrizó en la Delegación del Gobierno y se encargó de su mantenimiento hasta hace dos semanas.

El admirado trabajador es, además, un peluquero de clase indiscutible, un artista del cuidado del cabello. En sus ratos libres, para sacar a sus hijos adelante, Diego ha trabajado como un jabato con el peine y la tijera.

El mozo se jubila en el mejor momento de su carrera. Tiene salud -hay que verlo subir la circunvalación a lomos de su bicicleta-, tiene una mujer adorable y dos hijos de los que presumir. Sus 65 años son sólo una cuestión de papeles porque Diego es mucho más joven.

Durante cinco años he estado muy cerca de Diego. Conservo, como oro en paño, su amistad, le soy fiel y le admiro. En el momento de su jubilación sólo tengo que quererlo aún más porque se lo merece. Con personas como Diego se construyen las mejores sociedades. Es un lujo para Melilla seguir disfrutando de la amistad de Diego Martínez García.