Opinión

El diablo, ¿cuento chino o palpitante realidad?

Publicada en InfoMelilla el 30 de abril de 2007

Esto es un artículo de opinión. Lo que dice es de Remitidos, no del portal.

Remitidos

En la Biblia, la Literatura, el Arte y el cine, se habla del diablo, al que también llaman Satanás, Satán, Lucifer, Belcebú, Príncipe de las tinieblas, el Malo, demonio, el tentador, el de los cuernos…; o, simplemente, el enemigo. Siempre se habló del diablo y hoy se invita a Televisión a famosos exorcistas (aquí hemos visto al P. Fortea). En España hay 100 sectas satánicas. Jesucristo lo nombró muchas veces y a Él mismo le tentó para apararle de su misión redentora. A algunos santos los ha herido en su cuerpo, como, por ejemplo, a San Pedro de Alcántara (s. XVI) y a San Pío de Pietrelcina ( s. XX). En la Vida del Santo Cura de Ars se cuentan muchas historias de ese elemento. Su existencia es dogma de fe: "Creemos firmemente y confesamos sinceramente que el diablo y demás demonios fueron creados por Dios buenos, mas ellos, por sí mismos, se hicieron malos" (Cuarto Concilio lateranense). Es el ángel caído, el que fuera Luzbel, y sus compañeros que le siguieron en la desobediencia a Dios por la soberbia. Por ellos y para ellos, creó Dios el Infierno, adonde arrastra a los que se dejan engañar por él. Ningún cristiano debe darle el gusto de negarlo para que actúe sin oposición. Decía Pío XII que Hilter actuaba movido por él, y yo creo que también cualquier tirano, abortista y terrorista, y que estuvo entre éstos el 11-M y antes. El demonio no puede meterse en el alma de nadie, pero sí en el cuerpo. Es incapaz de mover la voluntad humana; pero puede acarrear malos pensamientos e insinuarse en la imaginación, incluso en los sentimientos y afectos. Las tentaciones, como Jesucristo, hay que vencerlas. ¿Cómo? Con la oración. "Hay demonios que no salen sino con oración y ayuno" -dijo Cristo a sus discípulos-. Como la serpiente bíblica, Satán engatusa y engaña, promete la felicidad pero no la da ni podría darla (ni para sí la tiene). El Malo es espíritu astuto y busca nuestros puntos flacos; por eso, intenta conocernos. No hay que confundir la tentación con el pecado, la inclinación con la caída: "el sentir no es consentir, ni el pensar mal es querer. Consentimiento ha de haber, junto con el advertir. Mal puedo yo consentir pensamiento que no advierto, que aunque soñando o despierto esté, si no quiero el mal, que no hay pecado mortal, puedo tener por muy cierto.

Josefa Romo