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Salvador Ramírez pronuncia el pregón

El Pregón 2007 arranca los motores de una edición del Rocío que persigue la participación de todos los melillenses

"¿Qué me había pasado allá, en Huelva, a pocos metros de la ermita ese lunes de madrugada?, ¿me había hablado la Señora a través de la fe cristiana de un millón de personas?".

Publicada en InfoMelilla el 19 de mayo de 2007

Agustín García González

El Rocío 2007 ya ha comenzado, no sólo de elecciones vive el hombre sino de cualquier circunstancia que le acerque a Dios, como lo es la Romería del próximo 3 de junio en honor a María Santísima del Rocío que organiza la cofradía que dirige Gregorio Castillo con la colaboración de la Ciudad Autónoma.

Salvador Ramírez ha sido el encargado de pregonar este año, pregón, el de nuestro compañero de InfoMelilla.com, que reproducimos a continuación. El baile, el cante y la participación popular presidieron el acto celebrado en el Gran Teatro Cine Perelló el pasado viernes 18 de mayo.

Pregón Excelentísimas e ilustrísimas autoridades, señor gestor delegado de la Cofradía de Jesús Cautivo de Medinaceli y María Santísima del Rocío, amigas y amigos.

Hace unos meses, paseaba con mi hijo Salvador cuando me encontré con don Gregorio Castillo. Me encomendó -como ocurre afortunadamente desde hace años- la presentación del Festival de Navidad.

Cuando nos despedíamos, me dijo “¿Tú serías el pregonero del Rocío el año que viene?” y le contesté que difícilmente recibiría este periodista de provincias mayor honor.

Es un gran honor estar aquí y es una magnífica oportunidad que se me brinda para glosar un cúmulo de sensaciones y opiniones que espero no les aburran.

Seré breve, lo juro. Por eso la primera petición que elevo a María Santísima del Rocío es que me ayude a comunicarme con todos ustedes.

Admiración Nace mi admiración a la advocación del Rocío en Sevilla. Allí cursé mi carrera universitaria y allí tuve ocasión de acercarme a las costumbres y tradiciones populares de Híspalis. El Rocío en Sevilla se escribe con mayúsculas.

Cada año miles de sevillanos de la capital y la provincia embocan la senda de la Raya y el Quema hasta llegar a Almonte. Participé, por primera vez, con el objetivo de pasar unos días de jolgorio, no lo niego, pero regresé con la sensación de haber errado en el empeño y con un mar de incógnitas.

Viajé con la muy antigua hermandad de Olivares, cuna de una novia de mocedad a la que sigo respetando de corazón a pesar de que el tiempo y las circunstancias han puesto un muro de olvido que nos impide sonreírnos e intercambiar impresiones.

¿Qué me había pasado allá, en Huelva, a pocos metros de la ermita ese lunes de madrugada?, ¿me había hablado la Señora a través de la fe cristiana de un millón de personas?.

Aún hoy me lo pregunto pero sé que Dios, ante tantos hombres y mujeres, me habló por boca de su Madre, la Virgen del Rocío.

Ver a miles de personas llorar de emoción, luchar por un milímetro de varal, abrazarse en indisoluble hermandad..., miren, eso es muy emocionante. Primero, no lo llegas a comprender; luego te das cuenta de que María del Rocío no sólo es una realidad sino que llega al corazón de los mortales.

He frecuentado Almonte durante años y, al final, como los almonteños, he terminado llorando emocionado cuando la Señora rompe la madrugada primaveral de las Marismas impartiendo amor y bendición a las gentes de bien.

Melilla Pero se acabó mi tránsito sevillano y regresé a Melilla -mi tierra- para ganarme la vida. Aquí había cierta devoción a la Madre de la Primavera pero poca, hasta que nació la Cofradía.

Estuve en una de las primeras romerías, allá en Los Pinos, y aspiré el mismo aroma de santa cristiandad que en Almonte; había romero y tomillo, había y hay gentes de bien, las gentes del Rocío.

El estandarte de María del Rocío me estaba esperando en Rostrogordo. Hice el camino con Paco 'El Cordobés', mi gran amigo Francisco Pérez Horcas.

Hablamos durante el camino de toros, nos gusta mucho, es una pasión. Echamos un bollito preñado de chorizo que nos regaló Miguel Gálvez, antes El Pozo, hoy Campofrío, a la altura del bar La Vela, calle del Gran Capitán, y luego reflexionamos.

-”Paco ¿qué mueve a esta buena gente?”, pregunté.

Paco me dijo: “La fe en Dios y en su Madre, la señora de los buenos, la Virgen del Rocío”.

Caramba, lo mismo que en Almonte, las mismas emociones, la misma fe en Dios, la idéntica advocación de su Madre... y en Melilla. Recé callado y pensé que la Reina del Rocío, la Blanca Paloma, tenía que entrar en mi vida, como la amiga cómplice a la que se le habla con naturalidad, con el corazón abierto y se le confiesan las carencias humanas para que haga de abogada defensora de uno ante el Padre.

Bonito Fue un Rocío muy bonito. Recuerdo a muchos buenos amigos que hoy no nos pueden acompañar. Dormimos en Los Pinos, rezamos un Rosario inolvidable y bailamos unas sevillanas al requiebro, de mucha categoría.

Y llegó la amistad. Dos seres entrañables a quienes quiero y respeto, Gregorio Castillo y Sebastián García, me hicieron comprender que lo de Almonte y lo de Rostrogordo no es casualidad, que María me estaba llamando, que Dios pegaba a la puerta de mi corazón a través de la Virgen del Rocío.

Y abrí la puerta a Dios, no podía ser de otra forma. Esa amistad con esos dos buenos melillenses me trae cíclicamente a estos escenarios y presento festivales y acontecimientos rocieros. Y lo paso muy bien. Me peleo, de vez en cuando, con Pedro Pérez de Guzmán, pero él y yo sabemos que es broma.

Con el paso de los años he sabido comprender que María del Rocío está con nosotros. Ahora mismo nos contempla y seguro que dice 'mira el tonto éste de periodista pregonándome, menudo charlatán'.

No Madre, no te pregono por gusto, te pregono porque te quiero y porque me lo han sugerido tus hijos, mis hermanos. Y, puestos a pregonar, te quiero pedir unas cuantas cosas, Rocío bonita.

Te pido, perdona el egoísmo, por los míos. Tengo a tres seres idolatrados. Pepa, mi compañera infalible, mi fiscal necesaria, mi amor indiscutible y para siempre.

María José, mi hija mayor, la que me deslumbra y hace crecer en mí una admiración que va a durar de por vida.

Hijo Salvador -Salva- mi eminente hijo pequeño, riguroso historiador, hombre templado, persona de asaduras cuajadas, un pedazo de tío a quien admiro y, ya se pueden imaginar, quiero como hijo y como ser humano.

María del Rocío, también te pido por la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Cautivo de Medinaceli y tú, María Santísima del Rocío. Nos hacéis mucha falta en una Melilla cada vez más enrevesada y con un futuro por definir que todos tenemos la obligación de garantizar.

Tenéis que quedaros con nosotros, tu Hijo y Tú, para siempre. Queremos rezaros en el templo de culto, allí en María Micaela, con pasión, sabiendo que cada día somos más, Madre mía, no lo olvides, sois -Jesús y Tú- imprescindibles.

Guapa y Hermosa Paloma, te pido por los periodistas. Ya sé que esta petición también es egoísta, porque ese es mi oficio, la comunicación. Te ruego que nos hagas ecuánimes, justos, equilibrados en la balanza romana del entresijo político y social.

Que seamos honrados y que no nos vendamos por un puñado de euros. Ya sabes, María, que necesitamos de tu cariño. Danos un beso a los periodistas melillenses y haznos comprender que los conductos de la información también pueden ser humanos y también pueden respetar a Dios.

No te marches Novia de las Marismas, te pido por Melilla, mi ciudad, nuestro pueblo. No te marches nunca. Llegaste, advocadora, hace 29 años y has de quedarte aquí, bajo los techos del templo de hermandad, con el aliento diario de tus fieles hermanos y cofrades, con el amor de una ciudad que sueña con su futuro y necesita basarse en pilares de fe como lo es la admiración de tu figura.

Tú que escuchaste al Arcángel, que asumiste el reto de ser Madre de Dios y que comprometiste tu vida en pro de la humanidad, alumbrando al gran héroe revolucionario del pueblo hace más de dos mil años, a Jesús de Nazaret, Madre, vigila por nosotros. Qué mérito tienes, Rocío.

Madre, te pido -ya no te canso más, Virgen mía- por todos los que estamos aquí. ¿Sabes?, somos gente buena. Nos gusta apostar por la familia y los seres queridos.

Nos encantan las sevillanas, el buen vino y el abrazo de hermandad. Nos queremos, María, pero nos queremos gracias a tí, porque sólo el amor a nuestra Madre es tan suficiente como imprescindible para unirnos como hermanos.

María del Rocío: Se me acaban los recursos dialécticos y, además, no se me ha pedido un discurso, sino un pregón. Lo doy por pronunciado. A ustedes les pido disculpas por lo plúmbeo, lo, quizá, plomizo de esta intervención; de mi Madre del Rocío me despido con una escueta pero sentida oración: María Santísima del Rocío, te quiero. Muchas gracias.