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Toros Feria 2007
Encabo y Esplá dan una lección de categoría torera, triunfan y honran el LX Aniversario de la Plaza de Toros de Melilla
Triunfó a lo grande el madrileño, uno de los pocos toreros de España, Francia y América que no se rajan con un 'victorino', un 'miura' o un 'conde de la corte'.
Publicada en InfoMelilla el 7 de septiembre de 2007
¿Quién no conocía a Luis Miguel Encabo?, ¿quién ponía en duda la profesionalidad de Luis Francisco Esplá?, es más, ¿quién dudaba de la solvencia del cartel del LX Aniversario de la Mezquita del Toreo?...quien sea ha metido la pata hasta el corvejón porque lo del viernes, 7 de septiembre, en Melilla ha sido una auténtica sinfonía taurina, una lección de cómo se promociona el arte incontenible de la Fiesta Nacional. Qué festejo, qué altura.
Triunfó a lo grande el madrileño Encabo, uno de los pocos toreros de España, Francia y América que no se rajan con un 'victorino', un 'miura' o un 'conde de la corte'. Dio una lección magistral de torería Luis Francisco Esplá, con marcas en su rostro de su reciente y trágico percance e hizo lo que pudo un enrabietado y voluntarioso -aunque con menos recursos- Canales Rivera.
Quien puso en tela de juicio el festejo que de aquella manera, con prisas, sin tiempo ha montado Manolo Martín más vale que calle para siempre o que tenga la hidalguía de rectificar porque la corrida de toros del viernes, 7 de septiembre de 2007, es uno de los mejores festejos que han visto los celestes firmamentos y las almas españolas de una ciudad que necesita a la fuerza y por afición promocionar las tradiciones y costumbres popular de esa Hispania que, hace milenios, como dijo el doctor Moncholi, ya lanceaba toros bravos.
Con una buena entrada de más de tres tercios de plaza y ganado con poca fuerza aunque noble de la ganadería lusitana, comenzó el aconenimiento, presiido por el titular de la Plaza, don Antonio Gutiérrez Molina y se volvió a contar con la impecable aportación del timbalero jubilado de la madrileña Plaza de Toros de Las Ventas, José Luis García.
Perfecto funcionamiento del callejón y alegría incontenida en los tendidos de sol y sombra que llegaron a intercambiar coplas. Muy buena la presencia e interpretación de pasodobles de la Banda de Música 'Ciudad de Melilla' dirigida por el maestro Vicente Mendoza.
Luis Francisco Esplá, a sus 48 años, de azul cobalto y azabache, ha demostrado ser un torero memorable. Ofreció banderillas de lujo -un par al violín- y ofreció un par a Encabo componiendo un tercio de rehiletes al primer astado digno de mención, como el segundo, en correspondencia, que compartieron Encabo y Esplá.
El primer enemigo de Esplá se rebrincaba constantemente, tenía peligro pero el maestro alicantino le instrumentó una gran faena gracias a la que afloró lo poco bueno que tenía el animal. Mató de estoconazo y cortó dos orejas a ley, exigidas con ardor por un público entregado.
En su segundo, con una gran y variada serie de capotazos de bienvenida, lidió bien pero pinchó y necesitó de media más un descabello. Una oreja y, por supuesto, gran vuelta al ruedo.
Luis Miguel Encabo, de grana y oro, toreó aseadamente a su primero, un castaño con peligro, al natural. Miró más al tendido que al toro para adornarse y mató de dos pinchazos, una estocada y un descabello. Cortó un apéndice.
Su segundo toro, el quinto de la tarde, el del delirio, fue un dulce. Bravo y noble, incansable. Encabo lo vio con claridad desde el primer minuto de la faena y se lució en todas las suertes presumiento, por poderío, de un toreo ortodoxo a la vez que cercano a los aficionados. Fue la faena de la tarde. Lo mató de una certera estocada y cortó los máximos trofeos, lo que le supuso la puerta grande de la Mezquita.
Canales Rivera, de fucsia cereza y azabache,quiso pero no pudo. Instrumentó a sus enemigos largas cambiadas y hasta consiguió cortar una oreja a su primero, el tercero del festejo, pero la infumable muerte que dio a su postrer enemigo, un pinchazo, otro hondo y ¡ocho! descabellos le dejó sin triunfos. De todas formas, su voluntadde agradar y triunfar en Melilla -como la de sus compañeros de terna- ha sido innegable.