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Artículo de opinión del diputado a Cortes

Gutiérrez Molina califica la situación política española de "insostenible" y apuesta por la celebración de elecciones generales anticipadas

"Y más asco me produce el victimismo político del jefe del Gobierno. El Partido Popular tiene todo el derecho, de criticar al Gobierno por su torpe política. Eso no significa echarle encima la responsabilidad del atentado de ETA".

Publicada en InfoMelilla el 4 de enero de 2007

Antonio Gutiérrez Molina

Escribo estas líneas a título exclusivamente personal. Mía es la responsabilidad y no sé si mis apreciaciones serán poco o mucho compartidas por las gentes o por los miembros de mi partido. Pero hay instantes en la vida política, que los que desempeñamos cargos públicos tenemos que exponer con claridad lo que pensamos, aunque no sea políticamente correcto.

La actual situación política española es insostenible. El Gobierno socialista, desde su acceso al poder, tuvo un objetivo: dilapidar la labor del PP, intentar expulsarlo de la vida política, cambiar el modelo de Estado, reabrir heridas entre españoles e ir de la mano con partidos políticos cuyos dirigentes se empeñan cada día en afirmar que no son españoles.

Es más: la permanente revisión histórica, con la República de 1931 –sangre, fango y lágrimas- como modelo a seguir, pone en permanente peligro a las instituciones del Estado –también a La Corona- que están sufriendo un desprestigio sin parangón en la moderna historia democrática de España.

El régimen constitucional de 1978 ha finalizado, por mucho que los optimistas lo nieguen, merced a la aprobación del Estatuto de Cataluña.

Viene este preámbulo, porque el pasado sábado, se produjo un hecho gravísimo: 800 kilogramos de explosivo, provocan una catástrofe de incalculables dimensiones en la T4 de Barajas. Claro es que ya nadie dice “queremos saber”, ni pregunta “quién ha sido”, como antaño, porque después de un largo “apagón informativo”, el Gobierno tuvo que reconocer que la “obra” había sido perpetrada por la banda asesina ETA, con quien el Gobierno fraguó el 22 de marzo de 2006 una especie de “tregua”, producto de pactos, compromisos, contactos o conversaciones previos, con la participación del PSE y Batasuna-ETA.

Nadie ha negado esto, porque es cierto. Y no sólo es cierto, sino que es gravísimo. Pero con ser esto gravísimo, más repugnante ha sido todo lo demás: el PSOE no ha cambiado su inercia y el señor Blanco ha tenido la desvergüenza política de acusar al señor Rajoy de no “culpabilizar” (Pepiño, dixit) del atentado a ETA y de criticar “al Gobierno de España” (Pepiño, también dixit).

Y más asco me produce el victimismo político del jefe del Gobierno. El Partido Popular tiene todo el derecho, de criticar al Gobierno por su torpe política. Eso no significa echarle encima la responsabilidad del atentado de ETA.

El PP está en su derecho de pedirle al Gobierno desde cuando sus emisarios y los del PSOE se han entrevistado con miembros de la banda, y sobre todo, el Partido Popular tiene la inexcusable exigencia de reclamar al Gobierno que de una vez por todas abandone la ambigüedad, rompa irreversiblemente cualquier contacto o dialogo con los asesinos y asuma su responsabilidad ante los españoles en el Parlamento y por medio del presidente del Gobierno.

Y como el Gobierno ha descartado rectificar su política hacia ETA, por mucho que Rubalcaba diga lo contrario, esa responsabilidad es inaplazable que la asuma el presidente del Gobierno, dejando hablar a los españoles. Convocando cuanto antes las elecciones previstas para marzo de 2008, para que el conjunto de los ciudadanos podamos libremente decidir si queremos este estado de cosas o bien optamos por cambiar democráticamente a un Gobierno que nos lleva, inconscientemente quiero pensar, a un callejón sin salida.

Rodríguez Zapatero es sin duda el peor presidente del Gobierno de la reciente historia democrática de España. Por sus hechos, ahora carece de legitimidad intelectual y moral para detentar ni un minuto más el poder que inesperadamente llegó a sus manos.

Un mínimo de responsabilidad le obligaría a comparecer en el Parlamento y a convocar elecciones, porque tras las toneladas de escombros del T4 están enterradas, no sólo una política equivocada y los cuerpos torturados de dos personas, sino también la dignidad y la decencia política del Gobierno.

Si a pesar de todo el presidente del Gobierno no quiere convocar las elecciones, la ciudadanía tiene la obligación de pedírselo y el Partido Popular más que nadie. Yo acabo de hacerlo, porque así lo creo.