Reportaje

La inolvidable dominical de una gran familia que disfruta de la amistad, la convivencia y el mejor talante, Cabales

El acontecimiento gastronómico fue un éxito, como la sobremesa. Baile, concurso de karaoke -Diego, nene, no te vuelvas a presentar que la jodes-, amistad, convivencia, fiesta de la sana.

Publicada en InfoMelilla el 22 de enero de 2007

Agustín García González

Son una gran familia y presumen de ello demostrándolo con ejercicios periódicos de la mejor convivencia. Los Cabales.

Tocaba arroz y no hay nadie que mejor interprete el noble arte de la paella que el profesor Pedro Guerrero, un sabio.

El fin de semana llega con fuerza al local de la Plaza de Toros. Y llega con fuerza porque sus ocupantes quieren vivir intensamente las horas y espacios de ocio. El ocio y la gastronomía se llevan a las mil maravillas.

Tocó el domingo y tocó al almuerzo eminentemente español: sardinas asadas y paella mixta. Guerrero tenía una receta secreta de la que sólo desvelaremos algunos secretos, no todos, por exigencia e imperativo de don Pedro.

El guió era fácil: concentración -pacífica, eso sí- a las 13.30 y degustación de sardinas, dirigida por el maese de fogones Manolo Galán, formidable.

Mientras, Paco Bravo cortaba tapas de jamón como si estuviera tocando un stradivarius, qué armonía, qué temple y qué bueno estaba el janlufo.

Mientras tanto, Pedro Guerrero y su cuñado y amigo Pepe Vargas -el hermano de Candy-, los dos muy menesterosos y en su papel, cocinaban una paella de lujo.

Atención: magro, carne, costilla, chopo, gambas (las de adorno y las de sustento que, como Teruel, también existen) , pimientos -dos colores- mejillones, tomates por un tubo, ajos, colorante.

Faltan un par de detalles pero, lo dicho, ni mú porque, si no, Pedro nos brea y no es cuestión. Las mesas alojaban, en los previos, jamón y cuencos de ensalada mixta, el lógico y sabroso abrebocas tan necesario como plausible, pero sin estridencias porque el plato base, lo fundamental, venía vestido de amarillo.

Mientras los hombres se encargaban de la orquesta, las mujeres prestaban apoyo a los coros. No siempre es igual pero el pasado domingo, sí.

Marisol, Candy y sus amigas, doblaban lomos para que la logística precisa para atender a 60 comensales funcionara como un reloj.

Los caldos. Juan Marcos Manjón optó por cerveza fresquita y Viña Albali, todo un rioja más que recomendable. Pero Pepe Castillo es dueño y depositario de un barril de añejo que fue más que socorrido por la concurrencia. Ay, primo, vaya cálices que pudimos saborear, ni la Catedral de Sevilla, Pepe, palabra.

El acontecimiento gastronómico fue un éxito, como la sobremesa. Baile, concurso de karaoke -Diego, nene, no te vuelvas a presentar que la jodes-, amistad, convivencia, fiesta de la sana. Y, además, todo lo anterior es el relato de un hecho puntual.

Sí, porque Los Cabales llevan a cabo un curso de salsa, preparan su participación en Carnavales, piensan en las Cruces de Mayo...un hervidero de ideas y actos que caracterizan a la institución que preside Marcos Manjón. Que no decaiga.