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Melilla recuerda a las víctimas del depósito cuando se cumple el décimo aniversario de la tragedia de Averroes

La tragedia se saldó con once personas muertas, entre ellas dos niños y su madre embazarada

Publicada en InfoMelilla el 17 de noviembre de 2007

Agencia EFE

Melilla recuerda hoy a las once personas, entre ellas dos niños y su madre embarazada, que fallecieron como consecuencia de la rotura de un depósito de aguas situado en la zona alta de la ciudad, tragedia de la que se cumplen diez años.

Melilla se inundó por completo aquel 17 de noviembre de 1997 en una mañana en la que, paradójicamente, lucía un sol radiante. Una ola de veinte millones de litros de agua arrasó todo lo que encontró a su paso, sobre todo viviendas, comercios y vehículos.

Once muertos, más de cuarenta heridos y otros seiscientos damnificados fue el balance de un suceso que conmocionó a la ciudad, la misma que hoy recuerda lo ocurrido como si no hubiese pasado el tiempo.

"Fue horrible y ese tipo de cosas no se pueden borrar", asegura a Efe Pilar, una joven de 26 años que recuerda que en el momento de la rotura del depósito se encontraba en el instituto, en una clase de Historia.

Según esta melillense, al principio los alumnos se lo tomaron "un poco a broma" hasta que una compañera entró en el aula llorando y anunciando que había víctimas mortales.

"A partir de ese momento, a todos se nos cambió la cara y lo único que pensamos entonces era en contactar con nuestras familias para asegurarnos de que todos estaban bien, sobre todo una chica que vivía en la zona más afectada por la riada, el barrio de Averroes", comenta Pilar.

Mohamed Mohamed, un comerciante de la zona del Rastro, por donde bajó la ola de piedras y lodo, tampoco olvida aquel día que, asegura, ha marcado su vida para siempre.

"Estaba en mi tienda y, de repente, comencé a oír gritos. Salí a la puerta y me encontré a un grupo de personas que lo único que decían era que corriera", manifiesta el comerciante, al tiempo que marca con el dedo la altura que alcanzó el agua en su negocio.

El actual consejero de Medio Ambiente, Ramón Gavilán, que en aquel entonces era técnico del área que ahora dirige, también vivió la tragedia de forma "muy intensa".

En declaraciones a Efe, el consejero rememora que, precisamente ese día, junto con otros dos técnicos más, se dirigía al depósito, puesto que se iba a producir la entrega de la obra a la Ciudad Autónoma, una obra con numerosas anomalías y que fue finalmente una trampa letal.

"El proyecto estaba bien redactado. El problema fue la ejecución de la obra, que se hizo con numerosas subcontratas, que a su vez fueron modificando algunos materiales", señala Gavilán.

Según el consejero, las filtraciones de agua se habían advertido un tiempo antes. De hecho, las autoridades melillenses ya se lo comentaron a la Confederación Hidrográfica del Sur (CHS) en diciembre de 1994.

Según dijo entonces el director general de Obras Públicas, Javier González, las fugas llegaron incluso a ser de hasta 150 metros cúbicos de agua diarios, lo que equivale al consumo de unas 140 familias de cuatro miembros cada una.

En Cabrerizas Altas todavía continúa la huella de ese día, el mismo depósito que arrasó toda una ciudad puede contemplarse tal y como quedó después de reventar, a la espera de que se completen los trámites definitivos para poder albergar los almacenes generales de la Ciudad Autónoma.

Melilla vuelve a tener en estos momentos dos nuevos depósitos de agua, que sustituyen al siniestrado, pero con una diferencia: esta vez son depósitos subterráneos.

Han pasado ya diez años y en la ciudad luce hoy ese mismo sol radiante que aquella trágica mañana otoñal.