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Hermosa labor la de la Guardia Civil

Se jugaron la vida como beneméritos que son pero no pudieron salvar la del joven en la Boca del León

Tragedia en el acantilado más bajo de la ciudad

Publicada en MeliYa el 7 de agosto de 2007

Salvador Rámírez

Un joven de 17 años, residente en la barriada de las 400 viviendas, ha muerto pasto de las mareas de levante. No se ve lo que ocurre debajo del mar; la superficie es engañosa y la temeridad a dar un salto al vacío con plácida caída se puede convertir en una situación de riesgo fatal, como le ha ocurrido al melillense que perdía la vida este pasado fin de semana en la Boca del León.

El fondo marino -tanto próximo como lejano- al litoral tiene pozas y éstas juegan una muy mala pasada al bañista. Con corrientes fuertes, sean de levante o poniente, las pozas submarinas tienen el denominado 'efecto chupón', es decir, generan una subcorriente de agua que arrastra a todo cuerpo sólido.

No es sólo lo que se ve sino lo que las entrañas de la mar encierran y lo que pueden desencadenar. Es el efecto playero de las resacas de levante y la acción del viento sobre la superficie del mar con temporales de poniente, que también los hay.

En un momento determinado, pese a las apariencias, el bañista no es dueño de sus fuerzas porque las aguas pueden más, mucho más. El acantilado, implacable, se encarga del resto, de segar la vida del incauto, de marcar el ritmo de la tragedia en una familia.

Guardia Civil La Guardia Civil tiene recursos para luchar contra la muerte o bien para dar término a una situación trágica, como la registrada en Melilla el pasado fin de semana. Son especialistas cautelosos que tratan de salvar vidas, de retar a los designios de fatal destino, aunque sea jugándose las suyas.

Si se recupera la vida, mejor que mejor; caso contrario, hay que restablecer la normalidad. A Melilla han llegado especialistas de rescate en alta montaña procedentes de Granada y han colaborado hombro con hombro con los GEAS de la ciudad.

Al final de todo, sólo se pudo recuperar el cuerpo del joven fallecido. Pero ellos han estado ahí, a pie del cañón, viviendo con la familia de este chaval los más penosos momentos. Y han hecho gala de una profesional incuestionable: si no se han podido sumergir porque sus propias vidas corrían peligro, han echado un aliento de cariño y consuelo a los dolientes.

No ha sido fácil observar el cuerpo inerte del joven a merced de las olas embatidoras de un levante sin la posibilidad de hacerlo llegar a tierra. La rabia contenida de una profesionalidad lejana a cualquier tipo de dudas se ha convertido en afecto y palabra amable.

Al final, a la familia le queda el consuelo de saber dónde está ese ser querido y perdido para siempre. A la Guardia Civil le queda el orgullo de haber estado allí, expuestos al peligro sus agentes, humanos como sólo los agentes del Instituto Armado saben ser. No en vano, se les conoce como la Benemérita, exacta calificación.