Opinión

Seis Cruces

Publicada en InfoMelilla el 29 de junio de 2007

Esto es un artículo de opinión. Lo que dice es de Antonio Gutiérrez Molina, no del portal.

Antonio Gutiérrez Molina

Las recompensas militares revisten gran trascendencia en los aspectos moral y orgánico de las Fuerzas Armadas, al constituir tanto un estímulo permanente para la superación en el cumplimiento del deber y del servicio -junto con los sacrificios, riesgos y dedicación inherentes a la vida militar- como un factor importante de selección para la organización de las Fuerzas Armadas y del Cuerpo de la Guardia Civil.

Así empieza el preámbulo del Real Decreto 1040/2003, de 1 de agosto, por el que se aprueba el Reglamento general de recompensas militares.

Dicho reglamento señala en el Título IV las Disposiciones generales para la concesión de las Cruces del Mérito Militar, del Mérito Naval y del Mérito Aeronáutico, en lo que respecta al objeto y ámbito subjetivo de estas recompensas -artículos 36 y 37, del ya mentado Reglamento general-.

Viene esto a cuento, porque no acabo de explicarme, la actitud del Ministro de Defensa y de cuantos le hayan podido aconsejar, de no conceder dicha Cruz a los seis soldados españoles, que dieron su vida en Líbano, con valor, realizando servicios eficaces en operaciones militares que impliquen o puedan implicar el uso de fuerza armada, y que conlleven unas dotes militares significativas.

Esto último no es mío -lo digo a cuantos me distinguen intentando darme lecciones de ética, por ejemplo el conocido moralista local señor Muñoz Pérez-, sino que es trasunto del apartado 1 del referido artículo 36 del ya reiterado Reglamento general.

Los soldados españoles caídos en Líbano, cumplían, entre otras, la misión de garantizar una paz difícil en un terreno difícil y sometido a una guerra permanente.

Por eso decía que no me explicaba la actitud del Gobierno en este asunto. Cómo no me la explico que el Gobierno negara carros de combate al Ejército para el Líbano o que ahora, Defensa, intente derivar a la cúpula militar la responsabilidad por la falta de inhibidores en los BMR, que hubiesen podido evitar este brutal ataque.

Mucho me temo que algún mando militar pague las consecuencias de esta situación derivada de la matanza, en lugar de algún cargo político del Ministerio.

Pero la actitud del Gobierno negando a estos soldados las medallas del máximo rango, sólo puede explicarse desde la insensibilidad o porque el valor acreditado se les niegue a quienes lejos de España, desempeñan una misión ejemplar, sirviendo con honor y dignidad lo que el Mando les ordena.

La simbología de los honores militares, no se hizo alegremente. Hay en ella una escala de méritos que distingue “el arrojo, la abnegación, el heroísmo, la entrega, esa clase de valores que forman parte de la historia de los pueblos” como señalaba recientemente Ignacio Camacho en un luminoso artículo publicado en ABC.

En efecto, así es. Sucede sin embargo que éste gobierno débil y agotado, regatea distinciones para no pillarse los dedos con la tapa del piano, “que toca -sigo citando a Camacho- su melodía favorita del ansia infinita de paz”.

Por eso a lo mejor, a los seis paracaidistas muertos en Líbano les han prendido en los féretros una cruz con distintivo amarillo que premia a cuantos mueren en “acto de servicio”.

Me repugna esta sutileza semántica para evitar el distintivo rojo, que de cualquier manera se merecían. Para el Ministro de Defensa, unos soldados que mueren atacados a bombazos en un país en guerra no son, unos muertos en acto de guerra. ¡Qué indignidad u que vergüenza de comportamiento!.

La doctrina del Gobierno es que nuestras tropas no van a la guerra en misiones de guerra, sino en misiones de paz. Debe de ser por eso, porque oficialmente no hay guerra, por lo que los soldados españoles no van convenientemente equipados para defenderse de los que sí lo están.

Decía Ignacio Camacho que a esos seis muchachos muertos, el color de su medalla les da ya aproximadamente igual. A mí no. A los que estamos vivos no nos puede dar igual. Porque si estamos vivos, diferenciaremos, el rojo de la sangre de los caídos del pálido amarillento de un Gobierno que miente, que sólo reconoce la guerra de Irak, en la que todo el mundo sabe que es rotundamente falso que la coalición formada por Estados Unidos no tuviera respaldo de la legalidad internacional. Lo debatimos cuando se quiera.

Mientras tanto ahí quedan seis cruces clavadas en nuestra conciencia colectiva. Con distintivo rojo.

**Por Antonio Gutiérrez Molina. Secretario Segundo de la Comisión de Defensa del Congreso de los Diputados.**