Opinión

Aniversario del "sordaíto"

Publicada en InfoMelilla el 16 de enero de 2008

Esto es un artículo de opinión. Lo que dice es de Juan Domínguez Lasierra, no del portal.

Juan Domínguez Lasierra

Me llama José, el hermano del "soldado de los milagros", nuestro entrañable Benito López Franco, para recordarme que hoy, 17 de enero, se cumplen 58 años de la trágica muerte del "sordaíto", como le dicen en Melilla. Si no me salen mal las cuentas, Benito tendría ahora ochenta años, y uno se pone a imaginar lo que habría sido la vida de nuestro soldado si las circunstancias hubieran sido más caritativas con él, y en vez de acabar en aquella muerte tan atroz, cuyas razones exactas nunca sabremos, hubiera disfrutado de aquel inminente permiso que le hubiera llevado a disfrutarlo a su Cetina natal.

Elucubrar, ucronizar sobre lo que pudo ser y no fue es un ejercicio tan apasionante como inútil, entre otras cosas porque, de ser así, de haber regresado nuestro Benito a Cetina, es seguro que nunca hubiéramos conocido a Benito, cuya vida anónima se hubiera desarrollado como la de tantos otros. Aunque nunca se sabe, porque Benito, con su guapa planta, su buena voz, su simpatía y don de gentes, tal vez se nos hubiera podido convertir en una estrella de la canción, o en un galán de cine, apoyado por gentes como Imperio Argentina o Bernabé Martí que lo conocieron en Alhama y lo animaron a la vida del arte, cuando ejercía de camarero en el hotel de balneario.

La vida es como es, nos da y nos quita, o nos quita y nos da, que parece ser el caso de nuestro Benito, que será ya por siempre el "sordaíto" de Melilla, el eterno soldado de Cetina, y además, por insólita decisión del destino, el soldado de los milagros, una figura de devoción popular, un santo del pueblo, al que llevan flores, piden favores, confían sus pesares..., al que le han dedicado incluso una calle, como certificación oficial de su beneficiosa influencia para la ciudad. Asombroso destino, en verdad, para quien fue a Melilla a cumplir con la Patria y nunca regresó, y hoy sigue allí en un olor de santidad que tiene el aroma de los miles de flores que los melillenses ponen sobre su tumba. Sí, sordaíto, tu vida se hizo, sin tú quererlo, leyenda.