Opinión
Derecho a la educación
Publicada en InfoMelilla el 24 de abril de 2008
Esto es un artículo de opinión. Lo que dice es de Remitidos, no del portal.
Remitidos
En una de sus canciones, Serrat venía a decir que una de las imágenes que demuestran más la felicidad es la de los niños saliendo de la escuela. Y es cierto. Si la felicidad es inmensa cuando salen, si salen despavoridos y gritando, si salen deprisa y sin mirar atrás, será porque dentro no son demasiado felices. Esto es así todavía, en pleno siglo XXI En un país como España, el derecho a la Educación, además de entenderlo en sentido estricto, ha de entenderse sobre todo como el derecho a una educación de alta calidad, de alta cualificación y de competencia probada a cualquier nivel, incluyendo la educación de los adultos, las universidades para los mayores y los ciclos formativos profesionales. Es cierto que nunca la sociedad española ha estado más preparada para educar y ser educada. Nunca en nuestra historia ha habido tan buenas condiciones para recibir educación de calidad y para educar con esa exigible calidad. Es cierto que las familias exigen a los centros otras cosas, pero también están más preparadas, mejor dotadas y con más conocimiento de los accesos públicos y privados a la consulta científica y a la información. Nunca el profesorado ha tenido la oportunidad de prepararse y formarse mejor y más continuamente, ni ha encontrado las escuelas de formación del profesorado mejor dotadas que ahora, ni con más posibilidades. En los centros, la ratio nunca fue menor. Nunca hubo más profesores de apoyo ni más atención a la diversidad y a los desarrollos particulares e individuales de los alumnos. Nunca el estado gastó más en educación. Comparando con épocas cercanas, se nada en la abundancia –unos más que otros, claro- y el problema es que la misma abundancia se convierte en nada si no está el propósito de hacer las cosas bien. Por eso nunca como hoy el reto es tan difícil, por eso estas reflexiones y estas jornadas, estas campañas se hacen necesarias. La abundancia sin planificación, la dotación porque sí, la provisión numerosa aunque tardía, fallida y absurda es, cuando menos, ridícula, las más de las veces insultante y causa agravios comparativos y siempre indignante. Se escatiman recursos humanos de una manera miserable para inundar de libros inexistentes bibliotecas, de pantallas planas de ordenador hipotéticas salas de informática. Se suprimen y cercenan iniciativas y propuestas investigadoras para elevar a categoría oficial una chorrada campestre. Nunca el malestar docente se ha situado tan alto y jamás como ahora la depresión, esa suma de síntomas que te hacen ser, mirar, sentir y vivir como tú no eres, la depresión, ha sido una enfermedad tan docente. Nunca el noble y apasionante oficio de la enseñanza ha estado menos valorado por la sociedad y por los poderes públicos. Hace cien años el ministerio condenaba al maestro a pasar hambre mientras la sociedad les confería la dignidad. Ahora esa sociedad los ignora o los desprecia y el ministerio se ofusca en los presupuestos y se encoge de hombros mientras los condena a la ansiedad. Alumnos y maestros, lo diré como antiguamente, educandos y educadores tienen una cosa muy común. Son los únicos grupos humanos que están dispuestos a subirse en un sueño, creer en él y dedicarse a vivir para conseguirlo. Son los únicos grupos humanos que creen firmemente que pueden cambiar el mundo, que luchan para conseguirlo, que siguen intentándolo Hay que creer en los maestros, en los profesores, porque así creeremos en sus alumnos, porque es el primer paso para que pueda exigirse la educación de calidad para todos a que los españoles tenemos derecho. Creer en los alumnos es creer en el futuro digno, seguro, capaz y solidario con aquellas partes del mundo en que aún la educación es un privilegio y no un derecho.
Ángel Castro Maestro