Opinión

Rafael López Rienda, Granada, 1.V.1897 – Madrid, 15.IX.1928

Publicada en InfoMelilla el 18 de octubre de 2008

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Remitidos

LÓPEZ RIENDA, Rafael. Granada, 1.V.1897 – Madrid, 15.IX.1928. Militar, periodista, escritor y cineasta.

Nacido en pleno Albaicín alto, en la famosa Casa de la Lona, junto al mirador del mismo nombre que domina la ciudad y la vega, Rafael López Rienda pronto destacó en la escuela por su gran afición a la lectura y la poesía, a las que su maestro le incitaba prestándole libros para ayudar a su formación intelectual. La pérdida de sus padres le impediría, sin embargo, terminar los estudios de bachillerato que hasta entonces llevaba con muy buen aprovechamiento, viéndose impelido por su temprana orfandad a alistarse en el Ejército, apenas cumplidos los 15 años, como voluntario para la guerra de África. Allí, apenas un año después, pasó al Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas de Larache, en el que no tardaría en alcanzar el grado de sargento por su participación en distintas acciones de guerra con gran arrojo y valentía.

En total, la permanencia de López Rienda en Marruecos se prolongaría durante catorce años, a lo largo de los cuales, sin dejar nunca de cumplir con sus obligaciones castrenses, tampoco se olvidó de su afición por la pluma, convirtiéndose pronto en el corresponsal de El Defensor de Granada y llegando a ser considerado con el tiempo como uno de los principales cronistas de aquella guerra. No poca culpa de ello la tendría el periodista Manuel Aznar, desplazado a la zona por el diario madrileño El Sol para cubrir el conflicto bélico, quien, tras muchas horas de conversación con el joven sargento granadino, propuso en 1919 al director del periódico la publicación de algunos trabajos suyos como experto africanista y militar condecorado en varias ocasiones por su valor, que le había llevado incluso a sufrir una herida de gravedad. Fue a partir de ahí cuando López Rienda empezó a labrarse el prestigio y la fama, que gozaría ya hasta su muerte, como uno de los mejores corresponsales de guerra de su época. Al estallar en el Protectorado español los graves acontecimientos de 1921, el ya bien conocido cronista asumió la delegación en Melilla del citado El Sol y del también madrileño La Voz, así como las corresponsalías de El Defensor de Granada, La Época de Madrid y La Nación de Buenos Aires, sin dejar de colaborar mientras tanto en los periódicos de la zona: El Telegrama del Rif, de Melilla; El Eco de Tetuán, fundado por Pedro Antonio de Alarcón, y Diario Marroquí, que él mismo había fundado y dirigido en Larache. Sus crónicas se distinguían por alejarse del tono heroico oficial, retratando el conflicto en toda su crudeza, planteando las causas del problema marroquí y describiendo la realidad vivida en primera persona en el propio campo de batalla. Muchas de ellas fueron luego recogidas por su autor en forma de libro, siendo dignos de destacar en este sentido los títulos de Las inmoralidades de Marruecos, Frente al fracaso y Abd-el Krim contra Francia (Impresiones de un cronista de guerra).

Durante su estancia en la ciudad de Larache, López Rienda había contraído matrimonio, el 6 de diciembre de 1920, con Concepción Pascual Navarrete, de cuya unión nacerían dos hijos. Al final de la contienda, el ya famoso periodista se trasladó con su familia a Madrid, para seguir escribiendo sobre la actualidad norteafricana en las páginas del diario El Sol y las revistas ilustradas Nuevo Mundo y La Esfera. En la capital del Estado fijó su domicilio en el número 21 del Paseo de las Delicias, donde viviría ya hasta el día de su muerte, ocurrida el 15 de septiembre de 1928, cuando apenas acababa de cumplir los 31 años y a consecuencia de una infección adquirida mientras se recuperaba de las heridas sufridas en un accidente de automóvil durante un viaje a Valencia. No deja de ser curioso que, después de tantos años exponiendo la vida lejos de su tierra en el frente de batalla (en más de una ocasión declaró que había oído silbar más balas junto a su cabeza como cronista de guerra que como sargento de Regulares), su prematuro final viniera a producirse en su propio país y en tiempos de paz. Su sepelio constituyó una gran manifestación de duelo, siendo seguido el traslado del féretro con sus restos mortales por centenares de amigos, admiradores y curiosos, que no dudaron en acompañarlo a lo largo del trayecto entre su casa y el cementerio de la Almudena, donde fue enterrado.

Al margen de su intensa dedicación periodística, y a pesar de la corta edad a la que falleció, López Rienda dejó asimismo tras de sí una ingente y variada obra literaria, sobre todo en el género narrativo, pero también en el dramático. Así, entre sus títulos más destacados figuran las novelas Tánger, pequeño Montecarlo (1924), Juan León, legionario, Bajo el sol africano y Águilas de acero (1926), todas ellas ambientadas en la guerra de Marruecos y con claros tintes autobiográficos; los relatos El carmen de los claveles, La Manola y La noche de los recuerdos (1924), este último de carácter casi biográfico; los dramas El héroe de la Legión (1925) y Milagrosa (1925), y las comedias El retrato de Friné y El tesoro de Tutankamen (1926), calificada por el autor como “aventura lírica en dos actos”, además de los libros Del Uarga a Alhucemas y El escándalo del millón en Larache. En sus últimos años de vida, se interesó igualmente por el cine, llegando a ejercer las facetas de guionista, actor y director. Aunque su primer contacto con el mundillo cinematográfico había tenido ya lugar en Marruecos, donde en 1921 había colaborado como argumentista con el realizador santanderino José Buchs, no sería hasta su llegada a la capital de España cuando se tomara en serio esta afición, encargándose personalmente de la adaptación de su novela Águilas de acero, que sería llevada al cine por Florián Rey con la participación del mismo López Rienda en el reparto de actores. Y tanto le entusiasmó esta experiencia que decidió dirigir su propia película, para cuyo guión adaptó otra de sus novelas de tema bélico, Juan León, legionario, que en su versión fílmica se titularía Los héroes de la Legión y que sería rodada en 1927 íntegramente en el norte de Marruecos. Aprovechando esa nueva estancia en tierras del antiguo Protectorado, realizó también un cortometraje humorístico titulado Jacobito, castigador, con el mismo equipo técnico y artístico de la película sobre la Legión. El estreno de ésta se llevó a cabo en Melilla, en el mes de febrero de 1928, despertando tan gran interés entre los medios especializados que su director no dudó en hacer proyectos para trasladarse a Hollywood.

Desgraciadamente, sin embargo, y mientras preparaba el documental Melilla al día como presentación ante el público norteamericano, sufrió en la provincia de Valencia el accidente automovilístico de cuyas secuelas fallecería más tarde en su domicilio de Madrid. Poco después, su amigo Artemio Precioso, editor de La Novela de Hoy, publicaría como homenaje póstumo una de sus novelas que todavía permanecía inédita, Luna en el desierto, que vio la luz en el número correspondiente al 5 de octubre.

*OBRAS DE ~: Tánger, pequeño Montecarlo, Los Contemporáneos, nº 800, Madrid, 22 de mayo de 1924; Abd-el-Krim contra Francia (Impresiones de un cronista de guerra), Madrid, Calpe, 1925; Águilas de acero, La Novela de Hoy, Madrid, 10 de septiembre de 1926; El carmen de los claveles, La Novela de Hoy, Madrid, 23 de septiembre de 1927; La Manola, La Novela de Hoy, Madrid, 3 de agosto de 1928; Luna en el desierto, La Novela de Hoy, Madrid, 5 de octubre de 1928.

BIBL.: CORREA RAMÓN, Amelina, Literatura en Granada (1898-1998), Vol. I: Narrativa y literatura personal, Granada, Diputación de Granada, 1999, pp. 527-29; GARCÍA MANZANO, Rafael, Figuras inolvidables del periodismo granadino, Granada, Asociación de la Prensa, 2008, pp. 97-105.* E. C.