Opinión

Si así lo piden los afiliados...

Publicada en InfoMelilla el 30 de junio de 2008

Esto es un artículo de opinión. Lo que dice es de Remitidos, no del portal.

Remitidos

Un grito de libertad ha resonado en el último Congreso del Partido Popular. Una libertad de elección con dos caras: de electores y de elegibles. De poco sirve el voto, aún secreto, cuando no existe alternativa entre los candidatos que han de ser votados. De ahí que las reivindicaciones se han orientado a que el aparato del Partido no obstaculice la presentación de candidatos alternativos. También los afiliados Melilla deberán elegir a su Presidente en breve y ya ha manifestado el Senador y Presidente de la Ciudad que se presentará, si así se lo piden los afiliados. Se vuelve a repetir la misma historia: primero se acuerda con alguno de los representantes de la sede central del Partido –seguramente Javier Arenas, como gran valedor del candidato- y después, no tardaremos en ver que los órganos de dirección del Partido en Melilla, sobre cuyos componentes ostenta un innegable poder, pedirán colectiva o individualmente su presentación. De esta forma, los melillenses asistiremos a su proclamación e investidura de las tres magistraturas que, para el resto de los mortales, se necesitarían tres personas distintas. En realidad el aparato lo decide y es seguido dócilmente por los votantes. Frente a éste, más que previsible, futuro acontecer, un grupo de afiliados al Partido Popular de Melilla –algunos dicen de “resentidos”- pensamos que es preferible otra alternativa. Que no es aconsejable que una persona acumule tanto poder por aquello de que “el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”. Y, por otra parte, si esa ha de ser la voluntad de los afiliados, al menos que sea en unas elecciones con la mayor libertad posible. Desde hace algunos años, se ha impuesto que el Presidente del Partido Popular de Melilla sea elegido mediante compromisarios. Esta figura, que está pensada para regiones extensas y con un elevado número de votantes, carece de sentido en Melilla que, por sus reducidas dimensiones, no necesita de un representante para ejercer el voto. A ello se añade que un importante porcentaje de compromisarios está formado los que ocupan determinados cargos; el resto, hasta el número que se acuerde, son elegidos por los afiliados. Teniendo en cuenta que el Presidente de la Ciudad es el que nombra a la mayoría de los cargos, que son compromisarios natos, a los que se han de sumar, en elevadísimo número, los puestos de más o menos “libre designación”, normalmente entre afilados del Partido, habrá que concluir la dificultad que el sistema entraña para cualquier otra candidatura que no sea la “oficial”. Le será imposible competir frente a este ejército de electores “militantes”, con mayor o menor celo, a favor de la candidatura oficial. No obstante, algunos –entre lo que me cuento- mantienen, frente al pragmatismo imperante, que es necesario un cierto idealismo en la actividad política, nacional, autonómica y municipal; que hoy también tiene sentido la defensa de la honestidad de los políticos y la lucha por la libertad en todos los órdenes de la vida. Y enseñan a sus alumnos, siguiendo las enseñanzas de Platón, que el fin de los que intervienen en la actividad política ha de ser el bienestar y la mayor “felicidad” posible de los ciudadanos, por encima de cualquier otro interés, incluido el propio del político. Y entre los títulos que dan derecho a gobernar –seguimos al filósofo ateniense- deben ocupar el primer lugar y al mismo nivel la sabiduría y la virtud. Ciertamente, el autor de la República, ante el espectáculo de los políticos de su amada Atenas, a mitad de su vida abandonaría la actividad política para dedicarse a la enseñanza y a la meditación sobre la filosofía y la teoría política. Si aspiramos a que el descrédito de la clase política no vaya en aumento, el Partido Popular de Melilla ha de rectificar experiencias pasadas y mantener unas mínimas garantías de libertad para quienes opten por participar en la vida pública. Si se sigue manteniendo la elección por compromisarios, se utilizan los conceptos de candidatura oficial, o se ponen trabas a la presentación de libres candidaturas y se opta por la concentración de poder en las manos de una persona o de un grupo, se hará un flaco servicio a la democracia interna del Partido Popular, a los ciudadanos y a la sociedad misma, a la que debe servir.

**JAVIER MARTINEZ MONREAL (CATEDRÁTICO DE FILOSOFÍA)**