Opinión

Una reflexión sobre el separatismo

Publicada en InfoMelilla el 22 de agosto de 2008

Esto es un artículo de opinión. Lo que dice es de Remitidos, no del portal.

Remitidos

El problema del “laissez faire laissez passez” la fórmula de Vicent de Gournay para la economía que hizo suya Adam Smith y que tan buenos resultados ha estado dando, en el campo de la actividad económica, permitiendo que la industria privada se pueda desarrollar sin las trabas que suponen el intervencionismo estatal; sin embargo, en el terreno meramente político, en los aspectos sociales de un país y en el mantenimiento de un Estado de Derecho, esta doctrina prevista para la economía no es válida por estar cargada de connotaciones peyorativas. Es condición común de todos aquellos que se encuentran cómodos en un determinado sistema, los que temen que cualquier alteración del statu quo, que les conviene a sus fines particulares, pueda crearles inconvenientes o que piensan que es mejor intentar amansar a las fieras dándoles más carnaza aunque para ello deban perjudicar a otras famélicas bestias; el procurar resolver los problemas con los habituales “paños calientes”. “Si podemos apaciguarlos dejándoles que se desfoguen, ¿por qué meternos en berenjenales, por qué complicarnos la vida si, en definitiva, lo que nos interesa es procurar conservar lo que tenemos y disfrutarlo con tranquilidad? Y si alguien les preguntara: “¿Pero no piensas en lo que les podrá suceder a tus descendientes, no te importan los principios morales o no piensas en el tipo de nación que vas a legar a las nuevas generaciones?, lo probable es que contestasen: “Yo disfruto de mi presente y busco asegurar mi futuro, los que me sigan que apechuguen con sus propios problemas”.

Esta es, sin duda, la política que practican los que nos gobiernan. El problema de los nacionalismos no ha surgido espontáneamente de la nada. El que Sabino Arana se inventara una nación vasca o el que Casanovas regurgitara de una derrota un nacionalismo catalán, no es cosa que pudiera sorprender a nadie, porque la condición humana se presta a toda suerte de actos insensatos. Me imagino que, si ambos pudieran ver los resultados de sus utopías, el daño que han causado en sus tierras sus alucinaciones y la cantidad de víctimas inocentes que se han cobrado sus prédicas, seguramente que se volverían a la tumba reclamando del Sumo Hacedor que se les aumentasen las penas del Infierno. Es obvio que una nación necesita dirigentes, pero deberemos reconocer que esta especial raza a la que llamamos políticos, lleva sobre sus espaldas el peso de ser los causantes de que los hombres, los ciudadanos y los mismos miembros de una familia sean capaces de odiarse mutuamente.

Si nos centramos en la situación por la que está atravesando nuestra España, deberemos admitir que muchos de los problemas que nos están acuciando hubieran sido fácilmente evitables si, los sucesivos gobiernos de la democracia, hubieran sido menos timoratos y les hubieran sentado las costuras a aquellos que fueron los causantes de que las chispas del independentismo, encontraran la yesca necesaria para que acabaran inflamándose. El pensar que no se propagarían, el suponer que con guante de terciopelo se apaciguarían un Pujol o un Arzalluz, dos zorros viejos del separatismo, era como pensar que dándole una albóndiga a un león ya lo tendrían saciado y manso. Sin embargo, quien se ha llevado la palma, quien ha sido el que les ha dado más alas a los independentistas y quien les ha permitido superar los límites de la Constitución para adentrarse en el campo del enfrentamiento abierto y temerario con el Estado, sin duda ha sido el mayor visionario y el mayor incompetente de todos los gobernantes de la democracia: el señor Rodríguez Zapatero.

Es evidente que, sin sus capitulaciones ante el Govern catalán, sin sus mangoneos y sin sus peligrosos juegos del tira y afloja con ETA, sólo que hubiera seguido la senda emprendida por el gobierno anterior y hubiera reforzado su cooperación con el PP en estos momentos la lacra del terrorismo ya haría años que estaría derrotada y que, la marea desbordada de los nacionalismos – hoy extendidos a otras autonomías como Galicia y Baleares – que, por no haber sido reprimida a tiempo, se ha propagado con la velocidad de un tsunami; ha permitido a sujetos como Ibarretxe y Montilla plantarles cara al Gobierno y plantearle, de tú a tú, sus reivindicaciones de autogobierno que, en el caso de Catalunya, vienen aderezadas con un componente añadido que es su particular y desproporcionada tajada de los presupuestos del Estado.

Los sucesos que, recientemente, han ocurrido en Barcelona; con los ataques impunes a España, a la que han vejado públicamente; las bombas de ETA en Málaga; las amenazas del Tripartit de bloquear los Presupuestos del año 2009 si no se atiende a sus reclamaciones; la incapacidad del Gobierno para hacer frente a sus responsabilidades y su evidente inanidad ante la crisis económica; la tozudez de un ZP que se resiste a reconocer que se equivocó; la peligrosa pasividad de las policías ante la escalada de las demostraciones nacionalistas e independentistas y la evidente incuria de los fiscales y juzgados en la persecución de tales infracciones, no son más que los resultados de la decadencia de nuestra nación en las manos del gobierno socialista de Zapatero, cuajado de nulidades y, lo que todavía es peor, de sujetos que subordinan el bien de los españoles a sus fines partidistas. No obstante, mientras el señor Rajoy y los suyos sigan afirmando que Zapatero lo hace bien en materia terrorista y se continúen observando, encandilados, las dimensiones de sus ombligos, para asentarse en la autocomplacencia; me temo que los españoles vamos a tener que recorrer completo el Vía Crucis de la recesión y la penitencia de ver como España estalla en pedazos.

Miguel Massanet Bosch