Opinión
Arenys de Munt, una Cartagena catalana
Publicada en InfoMelilla el 10 de septiembre de 2009
Esto es un artículo de opinión. Lo que dice es de Agencia EFE, no del portal.
No tengo la más mínima duda de que, el señor Rodríguez Zapatero, es una persona de ideas fijas, alguien que tiene metida en la sesera una nueva estructura social para España y que está decidido que, aunque sea contra viento y marea, va a llevar a cabo la tarea que se ha prometido a si mismo cumplir. En cierto sentido se lo podría comparar con uno de estos comandos suicidas que, cada día, salpican Irak de la sangre de sus compatriotas, inmolándose en aras de unos principios radicales que algunos listillos, que se quedan tranquilamente en sus residencias a esperar los resultados, supieron inculcar en almas lo suficientemente fanáticas y simples para dejarse embaucar. Ni que decir tiene que, cuando un país cae en manos de estos iluminados, es como si estuviera expuesto a una plaga de langostas que, en grandes bandadas, se extiende sobre una región floreciente, verde y ubérrima y, en unos pocos minutos, consigue dejarla rala como un desierto, arrasada por su proverbial voracidad. Sin embargo, en España, se da la curiosa circunstancia de que, el vergel sobre el que se posan las hambrientas langostas, llamémosle ciudadanía, parece que estuviera encantado de inmolarse para servir de alimento al depredador, en este caso el gobierno socialista del señor ZP.
El caso es que asistimos, impertérritos, a algunos fenómenos políticos que, sólo hace unos pocos años, hubieran levantado ampollas en toda España y que, tanto el pueblo como las instituciones civiles, militares, judiciales y políticas, se hubieran alzado alarmados e iracundos para poner en su sitio a aquellos atrevidos que hubieran osado perpetrarlos. Sólo por un momento me gustaría que se pusieran en la piel de uno de los llamados padres de la Constitución – les dejo que elijan, entre ellos, el que mejor se acomode a sus ideas políticas – cuando redactaron la Carta Magna que, más tarde, fue refrendada en referéndum por una gran mayoría de todos los españoles, no sólo, por supuesto, los de las comunidades habitualmente defensoras de la unidad de España, sino también por los de aquellas comunidades donde el separatismo – sin duda muy apaciguado y minoritario – tenía echadas sus raíces.
Intenten hacerse la idea de lo que pensarían ustedes, si estuvieran en el lugar de la persona que hayan elegido para este juego, ante hechos tan impactantes como los que están ocurriendo en Catalunya, ante la evidente indiferencia, cuando no complicidad, de las autoridades administrativas, sea la Generalitat o fueren los municipios, encabezados por el de Barcelona, con su alcalde al frente; procuren ver, desde la perspectiva de aquellos tiempos, cómo encajarían el hecho de que los fiscales, encargados de denunciar los delitos, con la misión de hacer ejecutar las sentencias, hayan permanecido inoperantes, adormecidos, si no atemorizados, ante demostraciones públicas, llevadas a cabo por incontrolados y apoyadas por los partidos separatistas; ya fuere en contra de la Monarquía, con quema de efigies reales; ya fuere en contra de España, con quema de banderas españolas e insultos a la nación; ya fuere impidiendo la enseñanza en el idioma establecido por la Constitución, actuando en contra de los intereses y derechos de los padres e incumpliendo, sistemáticamente, las sentencias del TSJC que ordenaban que se impartiese el castellano en la enseñanza, sin que nadie, ni fiscales ni el Gobierno central, moviera un dedo para restaurar la legalidad.
No deberíamos de sorprendernos si, ante una dejación de autoridad tal (evidentemente consentida y propiciada desde las altas esferas del Gobierno), los que siguen buscando el cambio del modelo estatal; las izquierdas valedoras de lo que fue la II República y defensoras de los hechos incontrolados de aquellos que asesinaron y mataron por venganza, odio o interés; los autodenominados progresistas que se han erigido en los teóricos de la nueva “revolución de las ideas”, con la implantación de las doctrinas relativistas, la defensa del aborto, la lucha contra la religión y el descrédito de la ética y la moral cristianas, que han sustituido por un materialismo egoísta, insolidario y libertino donde, en nombre de la libertad, todos los vicios, sectarismos, aberraciones, atentados contra las ideas ajenas e intransigencia doctrinaria contra cualquier tipo de oposición política; han sido establecidos como principios rectores de la nueva moral libertaria. Y, señores, en esta tesitura, contemplamos como, cada vez, las conductas levantiscas van creciendo en temeridad, virulencia, violencia e impunidad.
Cualquiera puede leer estos días en el periódico como el señor Laporta (del C.F Barcelona) se adhiere a una marcha independentista, organizada para el 11–S, bajo el lema “Somos una nación, queremos un estado propio” (Omnium Cultural), en la que ocupará un lugar en primera fila. Pero donde ya se roza el esperpento, se entra en el mundo de la ciencia ficción y, si no fuera un signo de una preocupante realidad causada por el separatismo, sería motivo de grandes carcajadas por parecerse más a uno de aquellos chistes que, durante un tiempo, se cebaron en la localidad de Lepe, que a una realidad; un disparate digno de figurar como tal en el Record Guines y que, sin embargo es una realidad. El hecho es que, el 4 de junio, en un municipio de Catalunya, Arenys de Munt, el Ayuntamiento, me imagino que en un momento de intenso “patriotismo”, tuvo la genial idea de dar “el apoyo total y adhesión” a los promotores de un referéndum sobre la independencia de Catalunya., autorizándoles a utilizar la sala municipal para celebrar la votación que estaba prevista para el 13 de septiembre del corriente año. Una juez, al parecer dudosa, ha prohibido el evento pero, no obstante, quiere escuchar a las partes. ¿Para qué, señora mía? Un magistrado que no conoce la Constitución y tiene dudas ¿pero que clase de dudas tiene usted? ¡Aplique la ley y, si es necesario, envíe a la policía para impedir semejante insensatez! Señora De la Vega ¿dónde tienen guardada ustedes la Constitución que, en España, puedan ocurrir semejantes patochadas?
No obstante, bien mirado, hasta estaría bien que se les diera a probar a los independentistas algo de su propia medicina. Se imaginan que se accediera a lo que piden, que se los permitiera gobernarse por ellos mismos y organizarse administrativamente. Pero, eso sí, cortar de cuajo toda las ayudas que actualmente cobran del Estado español, establecer limitaciones para el tránsito de mercancías y dejarles que se cocieran en su propia salsa. Recuerdo cuando, durante un tiempo, se decretó un boicot al cava catalán, las lamentaciones de los afectados, de los bodegueros catalanes y del Gobern se podían escuchar desde Andorra hasta Finisterre y, sólo fue el cava. Estoy convencido de que, lo peor que les podría suceder al manirroto de Carot y a sus seguidores, incluida CIU, sería que se accediese a sus pretensiones. Y no lo digo en broma porque, los señores Durán i Lleida, Más y sus camarillas, los de la derecha catalana, se iban a enterar de lo que vale un peine y se encontrarían en serias dificultades en una comunidad, tradicionalmente, de izquierdas. Es muy posible que, el nuevo gobierno, se tuviera que enfrentar al éxodo de muchas multinacionales ( ya lo están sufriendo) que no querrían exponerse a condiciones laborales draconianas y a tener que pasar por cuestiones idiomáticas, cuando el idioma resulta ser minoritario en el concierto de naciones y ello sin contar con la, más que previsible, fuga de cerebros que no se resignarían a quedar reducidos a un país de tercera fila. Sí, lo cierto es que ya estamos hartos de sus impertinencias. Habría que pensarlo.
Por Miguel Massanet Bosch