Deportes
Ciclismo: El melillense José Miguel Soria cuenta su experiencia en la participación en la clásica “Tour de Flandes” disputada esta Semana Santa
Todo comenzó cuando el pasado año cayó en sus manos una revista de “Pedalier” que la dedicaba a las clásicas y a partir de ahí se prometió que sería su próximo objetivo el que finalmente ha podido cumplir ya que el pasado jueves regresó de Bélgica habiendo podido hacer realidad su sueño
Publicada en InfoMelilla el 17 de abril de 2009
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Nos comenta su vivencia diciendo que “fuimos 19.000 ciclistas los que nos dimos cita para tomar parte en De Ronda Van Vlaanderen como se llama en Flamenco, es una clásica de las cinco clásicas consideradas como monumento ciclista. El día amaneció frío y con niebla. La lluvia nos respetó y no hizo acto de presencia, lo que ayudó para afrontar mas fácilmente los tramos de adoquines, ya que si esto son muy duros, en mojado se hacen casi imposible de ascender ya que las ruedas no llegan a coger tracción”.
“La marcha –continúa- es cicloturista pura y dura, aquí no hay tiempos, sólo la ilusión de hacerla, esa ilusión que sólo conocemos los aficionados a un deporte y que muchos no entienden, pasar por el pavés con toda su historia, subir los muiros con el ambiente que en ellos hay, recorrer esa parte de Flandes donde se encuentran el mayor número de aficionados a este deporte. Flandes es como sui a un aficionado al fútbol le dejaran el “Bernabeu” o el “Camp Nou” para jugar una pachanga antes de un Madrid-Barça”.
Y continúa relatándonos que “la salida es totalmente abierta y hay una franja horaria para tomarla, dependiendo de la modalidad que se coja (250, 140 0 100 kilómetros), la gente se acumulaba en el arco de salida y cada uno salida cuando quiso, formándose pelotones; las carreteras no se cierran para la marcha y siempre se circula por la derecha y sin ocupar la carretera completamente; si hay carril bici, que los hay, hay que circular por estos; los semáforos se respetan y aparte de los muros hay tramos adoquinados en llano y cuesta abajo que para mi fueron los peores; fuí incapaz de pasarlos a toda velocidad como se dicen que hay que pasarlos; la bici bota en todos sitios y te tiembla el cuerpo entero, es tremendo, los adoquines no llevan un orden ya que están simplemente puestos como han caído, así que entre adoquín y adoquín te puedes encontrar con hasta seis centímetros de separación y si se unen varios, las ruedas entran enteras en dicha franja hasta dar la sensación de que la bici se te va a romper . . . es precisamente el encanto de esta marcha y cuanto todo aficionado desearía probar al menos una vez en su vida. Así es esta marcha capaz de reunir a esos 19.000 ciclistas, sin darte ni tiempos ni clasificaciones, sólo un diploma en el que te dan la enhorabuena porque eres un “Oficial Flanderin”.