Local · Feria

Segundo festejo de abono en la Mezquita del Toreo.

Encabo pone la categoría, Vega canta a la dignidad y Melilla vive una hermosa corrida de toros

El diestro de Madrid cortó dos orejas a su segundo toro, un noble ejemplar de Jiménez Pasquau. Salvador Vega se lleva sendas orejas de sus enemigos tras un trabajo presidido por el sacrificio y la entrega y el rejoneador madrileño, Francisco Benito, se luce aunque mata mal a los astados de Fermín Bohórquez.

Publicada en InfoMelilla el 3 de septiembre de 2009

Salvador Ramirez Vélez

Estaba Luis Miguel Encabo cabizbajo tras la muerte de su primer toro, un flojísimo del hierro de Pasquau que doblaba las manos unas veces sí y otras también. Mató bien pero eso era un trabajo impremiable porque el ganado, hasta el momento resultaba impresentable. Estaba cabizbajo el torero de Madrid pero miró al tendido 1 y recibió el afecto de los melillenses. Pensaría: "¿cómo me voy a ir de mi querida Melilla sin puerta grande?".

Encabo pone la categoría, Vega canta a la dignidad y Melilla vive una hermosa corrida de toros

Aguantó hasta el quinto de la tarde, midió distancias y fuerzas y Encabo comprendió a la perfección que 'Desatino', un hermoso toro colorado, era su toro. Lo mimó con esmerado cariño tanto con los capotazos de su cuadrilla, como en el caballo. Lo banderilleó como sólo él sabe hacer y se fue a por las orejas. Las series al natural fueron de carteles taurinos, los derechazos ajustados y limpios...el toro no se caía, lo dirigió con oficio y categoría y lo mató a la primera. Dos orejas, triunfo clamoroso y salida por donde salen los buenos, por la plaza de Velázquez.

Su primero lo mejor que podía hacer era morirse; no obstante recibió aplausos y saludó desde el tercio más por cortesía que por convicción. Este, Encabo, es el torero que invitó a su boda a media España con un tarjetón que incluyó la plaza de Melilla como hermoso telón de fondo. Qué tipo. Ha devuelto a la vieja Rusadir todo el cariño que ha recibido de los melillenses.

Salvador Vega está en un buen momento, una vez salvada una etapa de indefinición. El malagueño, que va a torear 40 festejos esta temporada, tiene recursos y sentido del deber. Le tocaron dos tiestos andantes y se fajó con ellos hasta que, ahítos de fuerza, se vinieron abajo, pero tuvo la hidalguía torera de inventarse dos faenas imposibles y matar en condiciones. Por ello cortó dos orejas, una en cada toro, y acompañó a Encabo en su salida a hombros por la puerta grande.

El rejoneador se llama Francisco Benito y es muy animoso y tiene oficio a lomos de sus bien entrenados equinos. Perdió el equilibrio en su primera lidia aunque gustó y mucho al respetable. Se fue, tras matar mal, al callejón sin trofeos en su primer encuentro con los toros de Fermín Bohórquez. En su segundo no se dejó avasallar, toreó bien, mató mejor y se llevó una oreja.

Que en la Feria de Melilla señores como Enrique Ponce o su suegro, Victoriano Valencia, se sienten en el callejón de la Mezquita del Toreo y departan con propios y extraños...oiga, es un lujo, es algo muy grande. Y hoy, jueves, mucho más de expectación máxima porque hacen el paseíllo el propio Enrique Ponce, José María Manzanares y Matías Tejela, con toros de los hermanos Tornay, a partir de las 18.30, con cuarto de hora de recreo y merienda incluido.

Terreno en muy mal estado, el del coso, con más agujeros que el famoso queso, por ello hubo que regar. El viento de poniente no llegó a afear en exceso la labor de los toreros. Don Antonio Gutiérrez, presidente del festejo, impecable, perfectamente asesorado por don Ricardo Fernández Amaya y por don Regino Gil. Algo más de media entrada para acompasar a la segunda jornada de gloria taurina de esta Feria 2009. De momento, el resultado es más que formidable para la Fiesta Nacional en Melilla pero habrá que seguir recurriendo al viejo axioma: que Dios reparta suerte.