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La vida feliz de Medina Sidonia.
Hogueras en Melilla la Vieja, aroma de felicidad, juventud y convivencia
El Juá y la Juana de Melilla la Vieja -Juana, absolutamente espantada- se quejan de las denominadas 'microvoladuras' que se realizan en la roca situada a la izquierda de la nueva estación. marítima.
Publicada en MeliYa el 24 de junio de 2009
Decía una canción de Luis Aguilé que 'la chatunga tiene algo que me gusta'. Nosotros decimos que el barrio de Melilla la Vieja tiene muhas almas que nos gustan porque son herederos de una historia de más de cinco siglos y lo llevan con una dignidad envidiable. Cruce de culturas -como fue y es Melilla-, los vecinos de Medina Sidonia presumen de juventud y alegría de vivir.
Participan en todas las iniciativas socioculturales de la Ciudad Autónoma porque se saben herederos de miles y miles de familias melillenses que han escogido -unos a la fuerza, otros por melillismo- las murallas de 'El Pueblo' para vivir todas las horas de la vida. Pedro Madolel es el presidente de la Asociación de Vecinos Acrópolis, habla poco pero hace mucho y siempre reivindica más atención, más interés para los primigenios vecinos y menos bombazos en la roca maciza y calcárea que recibió a Pedro de Estopiñán en 1497.
Han participado en las Hogueras de San Juan y se han llevado el segundo premio. ¿Justo?, bueno, doctores tiene la Iglesia y miembros el jurado calificador del certamen.
El Juá y la Juana de Melilla la Vieja -Juana, absolutamente espantada- se quejan de las denominadas 'microvoladuras' que se realizan en la roca situada a la izquierda de la nueva estación marítima con el fin de que atraquen los barcos. Cada petardazo supone que las paredes de sus antiguas casas bailen el baile de San Vito.
Allá, a 70 metros del Faro, están Pedro, Antonia, Macu, Edu, Ivana, Jose, Ismael, Iván, Susana, Martín padre y Martín hijo, Toñi (Manolo se ha quedado en la tienda porque se venden refresos y cervezas), Beatriz...tantas grandísimas personas, pequeñas y grandes, que hacen posible la felicidad en los recintos amurallados.
Va la tele de Melilla con Francis y Cucho como notarios de un rato de felicidad y se lo pasan de rechupete. Trabajan felices.
Se quema la candelaria y El Pueblo estalla en felicidad y buenos momentos. Ya están preparados para recibir al Mercado Medieval y colaborar con las instituciones para que los malandrines, equilibristas, artesanos, reposteros y gaiteros estén como en sus casas.
Y es que la caravana medieval no sería posible sin las gentes de Melilla la Vieja que abren sus casas a los saltimbanquis para que dejen pertrechos, beban, descansen e incluso duerman.
La magia de las ciudades se mide por la calidad humana de sus habitantes. Si encima de ser melillenses de primera división son los guardianes de la historia de Melilla, la complicidad sube enteros. El Pueblo está feliz gracias a la felicidad de sus moradores.
Ellos ya calientan motores para disfrutar de unas veladas veraniegas interminables en las que no escasea el llantar, la buena mesa y la convivencia, todo ello en torno a una mesa en los aledaños de la plaza de Doña Adriana, con las puertas de las casas abiertas y una nube de chavales melillenses que tienen la suerte de disfrutar jugando en plena calle, como antes. Salud.