Local · Casas regionales
Acaba la 'historia interminable' gracias al Tribunal Supremo.
La Casa de Melilla en Almería celebra por todo lo alto la compra de su sede social
Antes de empezar a degustar los buenos platos, Lola Ruiz, la presidenta, dirigió a todos unas breves palabras, recordando la historia desde que Sánchez comprase la sede para la Casa.
Publicada en InfoMelilla el 10 de agosto de 2009
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Como ya es conocido, la Casa de Melilla en Almería ha conseguido en el Tribunal Supremo las escrituras de su sede, el local comprado hace ya más de diez años por su entonces presidente, Francisco Sánchez.
Pues bien, para celebrar esta victoria, que ha durado varios años, desde que se presentase la demanda en los Juzgados de Almería, la Casa ha querido celebrarlo con todos sus socios, alrededor de una mesa con buena comida y bebida y, lógicamente, qué sitio mejor para ello, que su propia sede y servida por su restaurador.
Así y pese a estar en una época veraniega con muchos de sus socios de vacaciones por otras ciudades, en la noche del sábado se dieron cita, allí, enfrente de Melilla, en el Paseo Marítimo de Almería, más de un centenar de socios ávidos de festejar la buena nueva.
Antes de empezar a degustar los buenos platos, Lola Ruiz, la presidenta, dirigió a todos unas breves palabras, recordando la historia desde que Sánchez los comprase para la Casa, realizando la firma con “un apretón de manos entre hombres y amigos”, hasta la noche en que por fin se celebrara el final de la historia, pues no se debe olvidar que el comprador falleció y su hijo no quería cumplir lo acordado y pactado con su padre. Las palabras de Lola fueron muy aplaudidas y dieron paso al comienzo de la cena.
A los postres se sirvió cava y nuevamente Lola Ruiz se dirigió a los socios alzando su copa para realizar un brindis, se brindó, como no podía ser de otra forma, por Melilla y por la Casa de Melilla en Almería.
A continuación un socio, Pepe Aranda, hizo de disc-jockey improvisado y, con buena música, los socios continuaron la fiesta bailando y hablando, en un ambiente de gran amistad y cordialidad, hasta que al filo de las dos de la madrugada, la Casa cerró sus puertas hasta nueva ocasión, lo que no dudamos, ocurrirá en breve.
FRANCISCO AGUIRRE