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Verano 2009

Madrid Rumbo al Sur descansa tras conocer Marruecos desde Melilla

La ruta comenzó el pasado 20 de agosto en la plaza de toros de las Ventas. Muchos recuerdan ese momento como algo "muy lejano" en el tiempo y afirman que padecen una especie de 'dejá vú'.

Publicada en MeliYa el 15 de septiembre de 2009

MeliYa.com

Los cien jóvenes pertenecientes a la expedición Madrid Rumbo al Sur, que durante tres semanas ha visitado Marruecos utilizando Melilla como puente de llegada, descansan ya felices en sus casas tras un viaje que a muchos cambiará la vida y que, aseguran, mayoritariamente que "volverían a repetir".

La ruta comenzó el pasado 20 de agosto en la plaza de toros de las Ventas. Muchos recuerdan ese momento como algo "muy lejano" en el tiempo y afirman que padecen una especie de 'dejá vú', aunque apenas hayan pasado cuatro semanas desde el inicio de la aventura, debido a la intensidad de las experiencias viviendas.

Madrid Rumbo al Sur descansa tras conocer Marruecos desde Melilla
Madrid Rumbo al Sur descansa tras conocer Marruecos desde Melilla

"El primer día fue una explosión de emociones. Quieres llorar y estás eufórico. Nadie sabía qué hacer o qué decirse, aunque muchos ya nos conocíamos de Los Batanes, que fue el campamento donde nos seleccionaron", señaló Clara, una expedicionaria de 17 años, estudiante del Instituto José Luis Sampedro de Tres Cantos.

Madrid Rumbo al Sur descansa tras conocer Marruecos desde Melilla

Después de atravesar la Península, Rumbo al Sur llegó a Melilla. Fueron recibidos por muchos vecinos y autoridades militares. "Allí no te crees que estás ya en África", indicó María, otra expedicionaria, que agregó que la sensación general de la visita a los destacamentos militares fue "negativa" porque "a nadie le gustaron las armas". Eso sí, casi todos se sorprendieron al ver el Peñón de Vélez y su "maravilloso atardecer" y al conocer que si entras "no puedes salir, porque los marroquíes no te dejan".

Madrid Rumbo al Sur descansa tras conocer Marruecos desde Melilla

Pero la conciencia de estar en el continente africano les sorprendió de repente en las vallas que separan Melilla de Marruecos. "Al ver la frontera, muchos tuvimos un escalofrío. Vimos los muros y las verjas y a un hombre pasar unas maletas de un lado a otro", señaló Clara.

Ya en territorio alauí, y tras decenas de kilómetros recorridos, los expedicionarios llegaron a Tatouine y el Atlas. Una experiencia nueva fue dormir en las jaimas y ver a los burros con las alforjas de colores, los mosquitos y escorpiones. El calor comenzaba ya a apretar y las buenas carreteras del principio se tornaron en irregulares sendas. "Había muchas rocas en el camino y el autobús iba dando tumbos", indicó otro expedicionario, que junto a sus compañeros, pudieron descansar de la travesía, con un baño, al día siguiente, en un lago.