Local

Fines de semana sustanciosos.

'Los Cabales': La gastronomía también es cultura

Pedro Guerrero es el hombre que la suele hacer posible; digamos que es el cocinero oficial de 'Los Cabales'.

Publicada en MeliYa el 4 de octubre de 2010

Salvador Rámírez

Ocurre cada domingo o cada sábado allá en la calle de Millán Astray, en la sede social de 'Los Cabales', una asociación cultural y recreativa que preside Juan Marcos Manjón. Ocurre que hay arroz, o chuletas o morcillas...en fin, de todo lo que se pega con fuerza al riñón y al michelín. En España todavía -que el diablo sea sordo- no hay hambre pero sí ganas de comer con los amigos en torno a unos fogones que no sólo huelen a sofrito sino también a sana convivencia.

'Los Cabales': La gastronomía también es cultura
'Los Cabales': La gastronomía también es cultura

El camino se demuestra andando y la directiva de Marcos, con la obligada referencia a su mujer, Marisol Quevedo, antes de cerrar las cuentas del año, elaboran el programa de actividades del siguiente, de manera que todo esté previsto y presupuestado (los políticos podrían tomar nota, digo yo) y no concurran sorpresas. Aquí hay teatro, copla, conferencias, exposiciones gastronomía y la familia 'cabal' toma parte en todas las actividades sociales de la ciudad.

'Los Cabales': La gastronomía también es cultura
'Los Cabales': La gastronomía también es cultura

El anterior presidente, Paco Serrano, flamenco él, se pasó media vida buscando el local adecuado hasta que consiguió que el antiguo Ayuntamiento cediera este bello rincón de la no menos bella Mezquita del Toreo. De la corrala de García Morato se pasó a la plaza de toros, con mucha fatiguita, mucha obra, mucho gasto pero también con mucha ilusión. Hoy por hoy es una de las sedes asociativas más hermosas de Melilla.

'Los Cabales': La gastronomía también es cultura

Volviendo a la paella, Pedro Guerrero es el hombre que la suele hacer posible; digamos que es el cocinero oficial de 'Los Cabales'. Este hombre, oficial de la Policía Local jubilado, ATS y maestro -tela de polifacético- pone la mesa para entre 70 y 80 socios que se rinden ante su magisterio gastronómico. No es para menos: domina todos los palos y los 'cabales' saben que se van a pegar un festín antes de sobrepasar el portalón de ese recinto de 1.947, obra de seis jóvenes arquitectos que habían pensado ese coso taurino para la capital del Santon Reino, Jaén, vaya. Álvarez Claro se lo olió y trajo los planos a Melilla.

Unos entrantes, unas cervezas frías, vino y paella. Hombre, Marisol suele rematar la faena con unos mini-pasteles que saben a gloria después del paellón y que dan paso a una interminable tarde entre amigos. Sí, sí, porque luego se retira el despliegue gastronómico ('se despeja la cubierta de materiales tóxicos', que diría el bueno de Salva Heredia) y se baila y se juega al bingo. O sea, se vive una vida de muchos quilates en un marco -se dice así ¿no?- incomparable.

Aquella idea de Serrano -hoy en tierras granadinas- ha ido definiéndose con el paso de los años. Al principio fue eminentemente flamenca y, luego, las sucesivas directivas han ido incorporando todas las modalidades de la cultura con mayúsculas, hasta la buena mesa, que también es cultura, oiga.