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El alma del cementerio.
Ouariachi, señor y dueño de Sidi Ouariach
El señor don Ouariachi Mohamed es el responsable del cementerio marroquí de Sidi Ouriach, su tierra de origen y nacimiento.
Publicada en MeliYa el 11 de noviembre de 2010
Qué humor tiene este señor, se ríe de su sombra. Es marroquí a mucha honra y presume de ello. Y también se siente español porque, no en vano, se ganó la vida en Barcelona como buen emigrante; emigrante de los especialmente buenos, de aquellos que se integran en las culturas de acogida sin olvidar sus mejores raíces y ,por supuesto, perfectamente documentado, como aquellos españoles que se iban a la Germania en los 40 y los 50. Ha vuelto a casa contento, como los hombres honestos que buscan el delta del río de la vida en tierra propia para disfrutar de ella, o sea, de la vida.
El señor don Ouariachi Mohamed es el responsable del cementerio marroquí de Sidi Ouriach, su tierra de origen y nacimiento. Se encarga de cumplimentar todos los penosos trámites de un hecho luctuoso. A pesar de su arraigado buen humor, tiene que olvidar su talante natural, que tiende a lo socarrón, para cumplir una labor que no tiene nada de gracia. No es sólo orquestar la construcción y preparación del túmulo funerario, es también mantener el morabito y dar un beso o un abrazo a los dolientes y deudos en el peor de sus momentos y Ouariachi sabe hacerlo a las mil maravillas y, lo que es más importante, de corazón.
Hay que tener presencia de ánimo para, día a día, ver cómo se despide a seres humanos, esos que no volverán jamás, esos que extinguieron el último hálito de vida. Ouariachi es tan ser humano como los dolientes, se conmueve, incluso llega a llorar pero en su sesera sólo hay un objetivo: Hacer bien el trabajo, no fallar, conseguir que todos los asistentes al acto funerario abandonen el camposanto tristes, como es lógico, pero agradecidos por las atenciones prestadas.
El sujeto y gran señor, sidi por excelencia, Ouariachi divide su vida entre su amado Marruecos y su amada Melilla y, cada vez que puede, se da un rule por las tierras de la Corona Española para tomarse un cafetito en Casa Angelita, o sea, en la Confitería España. Pero no sólo es café lo consumible, sino charla, chascarrillo y amistad. Una media hora de ambiente entrañable que deriva inexcusablemente en los chistes verdes, auténticas salvajadas. Cuando escucha las barbaridades que se cuentan se pone como un semáforo en rojo y se ríe a mandíbula batiente.
Canoso, con mostacho tan cano como poblado, Ouariachi ve cómo la vida puede transcurrir plácidamente haciendo ejercicio diario de la amistad y de la bonhomía. Se trata de dormir todos los días con la conciencia tranquila, cosa nada fácil, por cierto. Él puede porque sabe. Respeta y ama a su familia, por ellos se deja hasta el último gramo de oxígeno que respira.
Ahora bien, que no le hablen de mujeres porque, queriendo como quiere y respetando como respeta a su santa, se pone de los nervios y se retuerce como una salamandra hasta decir ¡jachoma! Y mandar callar a su contertulio. Es una suerte y un honor saber que se cuenta con la amistad leal de un señor como don Ouariachi Mohamed.